El otro lado del muro
Al otro lado del muro la hierba siempre crece más alta, más fresca y más verde que a este lado del jardín, o al menos eso es lo que siempre me dijeron, porque nunca he sentido la necesidad mirar al otro lado. Siempre me quedé en este lado, hasta ahora.
Por el camino hacia el Filska iba pensando que muchas veces antes me debería haber atrevido a cruzar ese muro imaginario. La lluvia volvía a caer con fuerza, mientras la noche caía sobre la ciudad, me resguardé en un portal, y rebusqué en mis bolsillos buscando un cigarrillo pero recordé que mi último pitillo se lo había dado a mi compañero de cervezas en el bar.
La verdad es que estaba muy cansado, y me habia escapado de mi vida, había cruzado el muro y la hierba era igual, no era ni más verde ni más fresca. Era tarde por hoy, la humedad me subía por los pies, y el cansancio de tanto años me hacía mella ahora, esta noche no iba a tomar otra cerveza. Paré un taxi y me encaminé al hotel. Mientras subía por la calle Petrinska miré las luces del Filska, otra noche sería, en realidad no tenía otra cosa que hacer que dormir hasta tarde y tomar cerveza, ese era mi plan al menos para las próximas dos semanas.





