Ambos se miran a los ojos, y descubren que el amor que sintieron, quizás  hace mil años o quizás  ayer, ha desaparecido.

La indiferencia invade sus sentimientos, han sido capaces de estar más de una semana sin hablarse, y ahora mismo se han encontrado por casualidad, en mitad de la calle.

Irónico, que se esquiven en un pequeño piso de menos de ochenta metros cuadrados y sean capaces de encontrarse en la avenida principal en plena hora punta.

La tensión del momento se nota porque ambos van acompañados por sendas personas del sexo contrario, a ninguno les extraña, y que no les extrañe, les incomoda.

Los dos convidados de piedra, no entienden que está pasando, el encuentro apenas se extiende por unos segundos, pero suficiente para encontrarse en esa mirada.

Ambos se amaban, ahora ni siquiera tienen ganas de terminar su relación