El hombre espera sentado en el banco lo que es la última oportunidad de su vida. Traje de domingo, clavel en la solapa, peinado con gomina y zapatos con lustre de betún.

En estos tiempos, un galán de los de antaño no se estila, pero a él a sus más de setenta años poco le importa, ser un concepto demodé.

Mira de soslayo el ramo de margaritas que le quiere regalar, lucen esplendidas bajo el celofán. Faltan más de cuatro horas para que doña Carmen, la viuda del tercero, baje a pasear por el parque con su nieta, pero que son cuatro horas  de espera cuando has esperado más de cuarenta años.