El hombre se apoyo en una farola, encendió su cigarro y miro a la ventana. Esperaba que en cualquier momento la ventana se iluminara. El hombre esperaba con la convicción de un hecho cierto, pero a los treinta minutos la luz seguía sin encenderse, apagó el cigarro nervioso, miro su móvil esperando alguna llamada, nada…
Si no hubiera ido al baño del bar de enfrente, en el momento preciso, sabría que la mujer ya había encendido esta noche la luz y al no verle se había ido a dormir.