El gigante se acercó a nuestro pueblo, y no fue como antes. Antes se conformaba con exigir un diezmo a cada habitante del pueblo, y en ocasiones hasta se mostraba comprensivo sí éste o aquel era incapaz de reunir lo exigido.

Pero esta vez fue diferente, esta vez no sólo se mostro imperturbable a las quejas y lamentos de aquellos que no teníamos la capacidad de entregarle lo demandado, sino que exigió que su nombre fuera loado haya donde fuera, no debía haber hombre, mujer o nió que no fuera capaz de glosar perfectamente las bondades y hazañas de un simpar gigante como él.

Por eso estoy escribiendo estas líneas, tal y como nos ha pedido,  Tiembla tierra, que el señor gigante se acerca y su grandeza alcanza más allá de su barriga, tiembla y no dejes de anunciar, antes que el rugido de sus tripas lo haga patente, que el gigante se acerca. Mujeres, niños, hombres, sol que estás en lo alto…todos load a nuestro señor, y hacedlo antes de que se encuentre que no tiene nada sobre lo que mandar.