Caminas rodeado de un silencio sepulcral, pisando ramas que se rompen bajo tus pies, sonando esos crujidos como lamentos. La soledad del bosque y la soledad del hombre.

No quieres volver y posiblemente no debes volver, estás sin alternativas. En la oscuridad de un día nublado la vida parece más dura de vivir.

Las decisiones que has tomado pesan como losas sobre tus hombros ya cansados, hundes tu cuerpo en una espesura húmeda y pierdes así la condición, el vestigio de humano, de sensación de paz.