Trece días sin ver el sol, los tripulantes se están volviendo locos, la lluvia empapa los pocos resquicios secos del barco. El viento de frente frena el avance del barco, las olas intentan hacer zozobrar la embarcación, y el frío se hace dueño de cada unos de los cuerpos de los cinco hombres rudos.

Y yo entre ellos, sin su rudeza, pero con su melancolía, caras petreas, sin mostrar el sufrimiento, te echo de menos, me consuelo con tu imagen en las pocas horas que puedo dormir. Creo que no podremos aguantar mucho más, mientras los quejidos de la madera húmeda y podrida, invaden los escasos instantes que el viento deja en silencio el ambiente.

Si llegamos a tierra firme, si salimos de esta, te prometo que escapare del mar para caer en tus brazos, aunque contigo también tenga el viento de frente.