Dice el hombre entre lamentos, me estás buscando la ruina, princesa, silabeando lentamente la palabra princesa. Ella le mira harta, sin ningún signo de emoción en su rostro de apariencia petrea, y ni se molesta en musitar ninguna excusa.

El continua una retahila de frustantes improperios, quejándose de que si la vida le ha tratado mal ha sido culpa de ella. El levanta el tono y grita para hacerse escuchar, ella que continua imperturbada por fuera, empieza a sentirse molesta, levanta la mano, para un taxi, se monta dentro él y le deja con la palabra en la boca.