Si nos pudieramos mirar de seguido a la cara y pudieramos contarnos nuestras pequeñas confidencias a la calor de una estufa.
Saboreo una taza de té, que me sabe a gloria bendita, mientras te observo en silencio sin que te percates. El tiempo se detiene mientras te acaricio tu pelo, tu mejilla, te robo un beso y me abrazo a ti….no hace falta más. Lentamente termino el té, y los pensamientos pecaminosos van muriendo, en los posos del fondo de la taza, el tiempo se acelera otra vez, te levantas y te marchas, dejas flotando en el aire el aroma del jazmin.