Cuando el avión salió me quedé parado viendo como despegaba, me sentí gilipollas. Ella se marchaba con el otro, y encima el imbecil de Pierre, hablando de lo buenos amigos que eramos y que hermosa nuestra amistad, que siempre estaría por encima de cualquier mujer.
 
¿Este hombre es así de tonto o sólo interpreta el papel, para que yo me encuentre todavía peor? y encima ella, agradeciéndome que le facilitara estar con su nuevo amor, todavía recuerdo su beso en la mejilla cuando nos despedimos cargado de gratitud.

Es lo curioso de la gratitud, que normalmente en estos casos sienta como una patada en el estómago. Besame princesa, deja a ese patético remedo de galán latino y vamos a disfrutar de un amor de película.

En fin, Humphrey Bogart sabría lo que hacía, siempre se puede dejar escapar a Ingrid Bergmar si tienes en casa a Lauren Bacall, pero en mi caso cuando ella se marchó noté en mis huesos el frío de otra oportunidad perdida.