Sábado, May 24, 2008

La peregrina


Todas las mañanas baja rápido por las callejas que dan al puerto, con catorce años todavía no hay otra afición en su vida que navegar. Y su pequeña barquita era la envidia de todos, "La peregrina", una pequeña vela, y el nombre pintado en la popa con letras rojas, ya descoloridas por el salitre y el sol marinero.

Aquella mañana el viento soplaba fuerte desde la punta del faro, y si hubiera escuchado a su abuelo, no habría salido a la mar, si las palabras dichas por el viejo anciano hubieran sido escuchadas, si no se hubieran muerto detrás de la puerta vieja, si no hubieran salido de una garganta cansada, entonces a lo mejor Jan habría pasado esa mañana reparando las viejas redes en el muelle.

Si esa mañana Jan se hubiera quedado en tierra a lo mejor ahora no estaría acompañando a su madre a lanzar una corona al mar, hoy Jan sería un hombre de casi cuarenta años, y yo no guardaría un trozo de "La peregrina" , el único que escupió el mar, una letra roja, una erre que desde hace casi venticinco años se va deshaciendo, en mis manos.

Pero esa mañana Jan se hizo a la mar en su pequeña barca marinera. y tres horas más tarde, un quejido seco se oyó en la estancia, el abuelo rompió a llorar al mirar al horizonte, la tormenta ya debía estar encima de Jan.

En el pecho del viejo marinero un lamento rompió en dos, mientras su nieto era tragado por un mar traicionero.
Posted by Kenzo Tomochu at 22:56:07 | Permanent Link | Comments (1) |