Ahora es noche cerrada en la parte del mundo que conocemos, y los pequeños seres de la noche salen campando a sus anchas, nadie puede esperar que se detengan ante una pequeña muestra de buena voluntad, no saben lo que es, nunca han sentido el calor de un beso, o la angustia de perder un amor.
Los pequeños seres nocturnos, paran delante de los escaparates mirando con sus grandes ojos, las luces de neon, sin saber que esperan encontrar.
La música de esta época les asusta y la felicidad fingida en la cara de los transeúntes les aterra. Nada puede hacerles entender que en esta Navidad, los sentidos apenan importan.
Guitarra lejana, una ginebra, una conversación, el humo de un habano, el olor de la madera vieja, soy capaz de recuperar todas sensaciones, incluso recrearlas, en mi cabeza…tú estabas sentada al fondo, vestido rojo, el bar en penumbra, fuera el viento, dentro la desgana…no te portes como si fueramos pareja, tú no me perdiste, yo me marché…
Las palabras se agotan al recordarlas, hoy el bar es una pastelería, la ciudad cambia deprisa, más desde que me dejaste, siempre pensé que volverías…
Oscuro, miras al techo, la penumbra esconde las telarañas. Que pasa con tu vida, dice la mancha de humedad del techo, necesitas más tiempo para ti, necesitas soñar con atardeceres idilícos, mientras tanto, fuera la nieve se acumula en el portal.
Miras las manos de ella, que hace más de un año que no te toca, que no se acerca, que te deja escapar todas las noches y te deja dormir en el sofá.
Lavas los dientes, notando como el frío de la noche sube por tus pies descalzos. Esta noche, no te apetece estar tan solo, y abres la puerta de la habitación, ella mira sin sorpresa, y te acomodas en tu antiguo lado de la cama, ella continua sin mostrar ninguna reacción. Te pasarás la noche esperando que ella se acerque y deseando acariciarla. Por la mañana el café amargo te devolverá a tu sombría realidad.