A la salud de Tatá, aquel viejo amigo, que otra vez se ha vuelto a enamorar, otra vez ha desempolvado su traje de mil rayas, su sombrero borsalino y sus zapatos bicolor, la pajarita mal colocada, la camisa a medio planchar, pero intacto su ingenio y sus ganas de agradar.

Querido Tatá, no te quedes a la intemperie debajo de su balcón, ella no va a salir a buscarte en una noche estrellada, ella no te recuerda, aunque tu seas su loco enamorado.

La bella dama ignora los sonetos de amor de Tatá, pero él pasa las noches debajo de la ventana, calentándose con un poco de coñac y su amor, mientras nada en la indiferencia y una insólita y loca esperanza.