El Retorno de los espumosos…

Los espumosos regresan…con menos sex y más city que nunca

Archive for September, 2008

Tatá, mon ami

A la salud de Tatá, aquel viejo amigo, que otra vez se ha vuelto a enamorar, otra vez ha desempolvado su traje de mil rayas, su sombrero borsalino y sus zapatos bicolor, la pajarita mal colocada, la camisa a medio planchar, pero intacto su ingenio y sus ganas de agradar.

Querido Tatá, no te quedes a la intemperie debajo de su balcón, ella no va a salir a buscarte en una noche estrellada, ella no te recuerda, aunque tu seas su loco enamorado.

La bella dama ignora los sonetos de amor de Tatá, pero él pasa las noches debajo de la ventana, calentándose con un poco de coñac y su amor, mientras nada en la indiferencia y una insólita y loca esperanza.

Amores cruzados

Juan quiere a Luisa y Luisa le ignora porque ella realmente quiere a Esteban, lo que no sabe es que Esteban se acerca a ella porque él está enamorado de Juan, y se lo dirá si alguna vez reconoce en voz alta su condición de gay no militante.
 
Juan lee la contraportada de La Vanguardia aunque no le entiende la mitad de las veces, pero lo hace porque una vez Luisa le dijo que le parecían muy interesante las personas que leen las contraportadas de los periódicos en vez de ir a la página de deportes directamente.
 
Esteban sin embargo no lee periódicos, pero eso Luisa no lo sabe. Esteban, mientras pasea con Luisa por el parque, ve a Juan a lo lejos y piensa que realmente lo  le gustaría pasear con él cogidos de la mano.
 
Juan ve a los dos y se acerca, el corazón de Esteban se acelera, Luisa ahora no piensa en nada. Esteban sonríe y adelanta su mano para apretarla contra la de Juan, mientras musita entre dientes: Soy gay…Juan no lo ha oído, pero Luisa sí, ahora mira a Juan y piensa  que tampoco está tan mal este Juan.

Confianza

Mira sin ganas de fijarse en lo que está pasando a su alrededor. El mundo puede funcionar sin que él lo supervise. El puente está lleno de gente, quizás porque es domingo o quizás porque el espectáculo de fuegos artificiales está a punto de comenzar.

El está de pie con el periódico en la mano, entre la multitud, mientras la gente pasa corriendo a su lado, deseosos como están todos por tener una buena panorámica del espectáculo. Sin embargo, él no parece interesado en el castillo de fuegos artificiales.

Una mujer camina con rapidos pasos, con un repiqueteo de tacones por el paseo,  se acerca al hombre, y le besa en la mejilla.  Quizás la confianza que el hombre demuestra se basa en el hecho que esta noche realmente los fuegos artificiales le importan un carajo. Ambos se marchan por el paseo, a descubrirse, a conocerse, bajo una noche de colores.

Dinero ficticio

El hombre lee el periódico sin saber a que atenerse, la palabra crisis le aterra pero le aterra más la sensación de no comprender donde se escapa ese dinero que todos pierden, si una empresa perdió el noventa por ciento de su valor, y ese dinero nunca existió, ¿cuánto de verdad valen las cosas?

Levantó la vista de donde estaba sentado y miró bancos, edificios, coches, sucursales de empresas y los vió perder valor, un río verde de dinero virtual, se escapaba, se deslizaba, se esfumaba. Se asustó y se palpó a si mismo, ¿cuánto valdría él ahora?

Kiss me

Kiss me, baby, you mumbled without any kind of romanticism. I took a glance on you quickly and then stared at your eyes, as demanding more loving attitude, but you didn´t seem to feel interested in my demands.

I could imagine that this isn´t a proper reason to bid a sad farewell to you, nevertheless that “kiss me, baby” killed me.

Take care my dearest treasure, and notice that my eyes was pouring with  sorrowful loss, before you leave me.

Andar…volar…bailar…

El cielo estrellado, se presenta como un cuadro, una carpa, un escenario infinito donde pasear, andar, volar y quizás bailar, y tú me miras como pendiente de cada uno de mis movimientos, como esperando una señal mía para saltar la verja y comenzar tu particular danza.

El rocío de la noche ha empapado la hierba alta, y los tobillos desnudos se nos mojan, se sumergen en un mar húmedo y verde. En noches de luna y estrellas, nadie debería dormir, debería estar prohibido perderse un espectaculo así.

Un rumor lejano, que se convierte en una leve musiquilla, desata, desencadena tu pequeño baile ritual, y me asombro de lo hermosa que estás ahora, bajo la luz de miles de pequeñas estrellas, y una preciosa luna llena…

Por el camino de vuelta al hogar siento flotar, abrazado a ti, agarrado a ti, pegado a ti.

Arena en los bolsillos

Revisas la ropa de verano, ya empieza a ser hora de guardarla en lo alto del armario, y de repente te sorprende encontrar arena en los bolsillos, recuerdo de noches de playa, de días al sol. ¡¡Nostalgia, no!! buenos recuerdos, que no se muera el verano

Te preparas un mojito y declaras que en esta casa, y como hecho excepcional, el verano no acabará hasta diciembre, la música suena alto y te paseas en bañador, plantas la sombrilla en el salón y te tumbas sobre una toalla floreada mirando con desdén el sofá.

El puercoespín amoroso…

” Me desconciertas…no sé realmente quién eres, por un lado eres la persona más romántica que conozco y por otro tienes ese punto peleón que me desespera” dice ella…

Como diría Benedetti eres como un puercoespín amoroso, deseoso de que le abracen pero con las espinas prestas a clavar a quien se acerque.

El se encoge de hombros, dando por buena la definición. Mientras ella termina el café y deja resbalar la mano por la espalda de él a modo de despedida.

Flotando sin ritmo

Escucha el rumor de una ola escondida en una caracola, siente el frío polar al abrir el congelador. Quema tus manos en el radiador, mira de frente al sol, hasta que se lloren las retinas, rechina los dientes pidiendo comida, grita, patalea, deja que te sangre la nariz, demuestra aunque sea por una sola vez que estas vivo.

Deja morir los recuerdos, echalos a un charco provocado por tu llanto, ahogalos, matalos, escondelos en un armario, que no te acompañen ya más.

Sientate en una terraza de un bar, pide cerveza, otra cerveza, lee un libro, habla con una pareja desconocida sobre el tiempo, mira insistente a la mujer que tienes enfrente, dejate llevar contagiado por una melodía lejana, sientete flotando sin ritmo.

La búsqueda de una mujer diferente

Vista, nuca, cuello. Espalda tersa, felina, color cobrizo de verano cercano, la sigues con la mirada hasta que desaparece. Hasta que se pierde entre la gente.

Sonido, melodía, dulce repicar al nombrar tu nombre, calido acento, aguantas la respiración y mantiene el auricular mientras se deshace el eco de su voz.

Olor, a trigo fresco, a tarde de lluvía, a pan recién hecho, a mar, a ojos cerrados te lleva tu nariz hasta ella, hasta que muere el aroma en una parada de autobús.

Tacto, te roza, vello suave, piel tersa, corriente eléctrica, calor, fuego, un instante y desaparece, pero el calor del contacto dura más de un mes.

Gusto, besa salado, a mordiscos, como si tus labios fueran gajos de naranja, te alimentas de sus besos, pero no basta…

Si tus sentidos no fueran tan independientes, se hubieran puesto de acuerdo en una sola mujer, pero ahora que sentido tiene que cada sentido tenga un nombre diferente de mujer…de mujer diferente.