Cuando llegó a los cien olvidos, se puso a llorar, era imposible no recordar todo lo que él olvidaba, cosas insignificantes y acontecimientos súblimes de primer premio en un campeonato de recuerdos.

Mientras las làgrimas se deslizaban mejilla abajo lamentó haber olvidado un pañuelo, se sentó y dejó su cuerpo desmadejado sobre una silla. Intentó recordar la última vez que no olvidó algo, la última vez que sus ojos se iluminaron por revivir un recuerdo, pero nada, ni la más mínima sombra, ni un pequeño atisbo.

Se mantuvo inerte, sin realizar ningún movimiento, esperando recordar,… ayer le ví, y seguía allí, le saludé pero no obtuve respuesta, posiblemente no me recordaba, o a lo mejor olvidó hablar.