La seguí por toda la ciudad sin atreverme a preguntarle el nombre. Monté en autobús, viajé en metro, incluso hice la compra en el mercado siguiendo su estela.
Si me pudieras que te la describiera solo te puedo decir que por las mañanas desayuna zumo, dos docenas de naranjas para zumo, compró en la frutería. Demasiadas naranjas para vivir sola, zumo para compartir.
——-
Nota de autor: Dos años cumple hoy el blog…tantas cosas han cambiado desde entonces, que ennumerarlas sería inutil, un gran abrazo a todos los que dedicáis un poco de vuestro tiempo para pasar por aquí.
Cuando llegó a los cien olvidos, se puso a llorar, era imposible no recordar todo lo que él olvidaba, cosas insignificantes y acontecimientos súblimes de primer premio en un campeonato de recuerdos.
Mientras las làgrimas se deslizaban mejilla abajo lamentó haber olvidado un pañuelo, se sentó y dejó su cuerpo desmadejado sobre una silla. Intentó recordar la última vez que no olvidó algo, la última vez que sus ojos se iluminaron por revivir un recuerdo, pero nada, ni la más mínima sombra, ni un pequeño atisbo.
Se mantuvo inerte, sin realizar ningún movimiento, esperando recordar,… ayer le ví, y seguía allí, le saludé pero no obtuve respuesta, posiblemente no me recordaba, o a lo mejor olvidó hablar.
Siento frío, un frio helado recorre mi espalda entre escalofríos, el viento y la lluvía me hacen sentir lejos de casa.
Si pudiera por una vez mirar por encima de la cama, tapado como estoy con el edredón, incapaz de levantarme, con una bolsa de agua caliente. Pero el frío helado me impide hasta pensar, un trago de bourbon a escondidas y me sentiré un poco mejor.Escribo cuartillas que nadie leerá, lleno las páginas de haikus pretendidamente románticos que nadie añora…
Verano en tí
el frío quema mis huesos
mientras cae la luna
Otra noche más
el amor se pierde en
tu pelo rubio
Sin saber porqué, termino una taza de té Kho-Cha sin paladear, hay veces que un momento de placer nos pasa inadvertido.
Ayer no hubiera podido hablar contigo, sin más, no era capaz, creo que hoy tampoco lo seré, los sentimientos se mezclan en la barriga como una lenta digestión. Miro la taza vacia y me recuerda a tí.
Hoy no voy a escribir más, sólo quiero tumbarme mientras el mar mece el barco, cierro los ojos y sueño, sueño con otro pasado que rescriba un futuro incierto.
Sientes otra vez el ruido de la ciudad en tus arterias, el sonido de la prisa que altera las membranas del tímpano, te crees sin fuerzas, sin energias para emprender otra vez la rutina diaría.
Parado en delante de un edificio enorme, colosal masa granítica, como montaña a escalar, ajustas tu corbata, revisas con una simple mirada tus zapatos y entras en el hall del edificio, seres inertes como tú, te reciben, te saludan con frases escritas hace tiempo para ocasiones como ésta.
Una planta superviviente de un naufragio se esconde al lado de los ascensores, pero nadie repara en ella, quizás tú sí, quizás si la miras todavía estas salvado.
Despacio te acercas a ella, sin prisas, acaricias las hojas, y sientes su latido en la yema de tus dedos. Miras tu reloj y piensas que hoy nadie te necesita, sales a la calle otra vez y te sientas en un banco de la calle con la mirada perdida y dejando que el sol te tueste la cara.