Ella mira por encima de la taza de café, recordando aquellos días donde él tomaba suyo de pie en la barra del fondo, sin hablar con nadie, sin sonreir a nadie, como con prisa por marcharse, sin reparar en ella.
Todas tardes a las cinco, entra en el café esperando encontrarle otra vez, encontrar esa mirada de nostalgia por encima de las tapas del viejo libro que él siempre lee.
Ella se apura, se arregla sin mirarse en el espejo, sólo por correr hasta ese encuentro infinito entre tazas de café.
Pero él esta tarde olvida ir al café, y dos días más tarde, y al otro mes, ella desespera por él vuelva a aparecer.
Desde el ventanal del viejo café, a ella todavía se la ve, día a día, madejando las nostalgias de áquel que un día olvidó visitarla en el café. Sin prisas, sin tristezas, ella tintinea la cucharilla en la taza, y ese sonido le recuerda que un día conoció a un hombre que tomaba entre prisas su café. El ni la miro, pero ella de él se enamoró.
Buenas noches desconocida, no sé si soy capaz de contarte algo más de mi, pero lo voy a intentar…pero no creas que lo hago por ti, lo hago por mi, lo hago por no tener que odiar mi imaginación, lo hago para conocerme más, si alguna vez puedo conocerme más.
Me he enamorado, una y mil veces, me enamorado de cada sonrisa, de cada palabra, soy un hombre muy prudente, pero enamoradizo, un hombre que no quiere aprender de sus fracasos, un hombre que abraza a su pareja de baile, un hombre que sueña con banda sonora, que recita versos con una fingida impostura de vate anárquico.
Y ahora apareces tú, querida desconocida, y me desarmas, me intimidas y me preocupas, y me dejas derrotado, estoy como desnudo en la cola del pan, como temeroso en la antesala de la visita al médico, noctambulo como una luciernaga que perdió su fulgor.
Escucha el rumor de las olas del mar, querida desconocida, mientras acunas tu cabeza en mi regazo, y deja que esta noche la brisa marinera nos lleve y nos conozcamos entre susurros, relatame, dejame que te cuente, con besos, con amores, con caricias, con miradas, . Y si después de esta noche nos queda mucho por conocer, no te preocupes, tendremos más noches…o al menos más ganas de vivirlas juntos
(P.S. Gracias a la autora http://listeningthepianosbar.blogspot.com/ por la deferencia de incluirnos en sus favoritos)
A los quince años olvide mi nombre, mi enfermedad no era una patología común, sino una extraña alteración que fue estudiada por decenas de neurologos y psiquiatras, algunos recomendaron a mis padres que me internaran en un psiquiátrico, otros que siguiera una terapia menos agresiva. Papá no quiso hacer nada, y no es que no le preocupara yo o mi enfermedad, simplemente no quería reconocer mi enfermedad.
Además de olvidar como me llamaba, comencé a perder infinidad de recuerdos, un día olvidé dónde vivía, cuántos años tenía, y a lo seis meses de comenzar el primer sintoma de la enfermedad, olvidé toda mi vida.
Ahora, en mi mundo los recuerdos no abarcan más de unos minutos, mis conversaciones son imposibles, mis modales estrafalarios, y mi vida social inexistente.
Releo estas líneas y me sorprendo a mi mismo de lo que acabo de escribir, sólo unas líneas antes, me parece imposible que esta cara que veo reflejada en el espejo, tenga un alma que vive en toda una nueva vida cada tres minutos, porque su maldito cerebro no es capaz de almacenar el sabor del limón, el escalofrío después de un beso, la trama de una película, o tu nombre enlazado al mio.
Me enamoré de un país llamado Jacqueline, para mi toda la inmensidad de una tierra como Estados Unidos se resumía en ella, en su forma de mirar, con ojos claros, en la manera que pronunciaba las erres, y en su sonrisa despierta y calurosa.
Supongo que estos últimos años, mi paisaje ha recuperado color y vida, y el país llamado Jacqueline habrá abierto su frontera, no sé porque hoy la he recordado, quizás porque una malabarista callejera, me la ha traído a la mente cuando bajaba por la calle camino del puerto.
Ahora estoy comiendo un poco de pastrami con pan de nueces y una coca cola, con el cuerpo desmadejado en un banco, al lado de la marina, sin más preocupación que el sol me tueste la piel y su recuerdo en mi pensamiento.
Porque recuerdo que una vez me enamoré de un país llamado Jacqueline, y recuerdo como iba a su casa solo para ver una nevera que fabricaba cubitos de hielo, algo inusual en el país del frío, y como encontré un anillo con un rubí de pega en un puesto callejero y se lo regalé, mientras le pedía, casi suplicaba un beso. Pero ese país llamado Jacqueline, nunca me quiso, aunque me enseñó la importancia de la amistad entre un hombre, entonces más un niño que un hombre, y una mujer.
Y con el paso de los años ese país fue ocupando poco a poco espacio en mis recuerdos, y se fue alejando de mi tacto y mi palabra, Jacqueline se convirtió en una cara borrosa,un país lejano e inhospito, hasta esta tarde una malabarista callejera me recordó a ella y ahora sentado bajo un sol veraniego, echo de menos mi adolescencia, y a ella.
He pensado mucho si escribirte alguna vez o incluso llamarte, que alguien desaparezca tan radicalmente como hemos hecho el uno con el otro, sin ningun contacto desde hace mas de tres meses no es algo habitual y me ha hecho pensar mucho en ti.
Quedamos en que si alguno tenia una noticia que dar al otro, nos pondriamos en contacto…y yo desde ayer tengo una noticia que darte…ya no me duele pensar en ti, ya no tengo que pensar en respirar cuando tu recuerdo viene a mi cabeza…he pensado en ti cada dia y cada noche he soñado contigo, y he ido reproduciendo en mi cabeza todos los momentos de nuestra relacion, quizas pensando que puesto en otro orden descubriria donde se empezo a romper todo, antes que nos dieramos cuenta.
Pero desde ayer he dejado de pensar, porque ya lo he comprendido todo y sé que fue lo que hizo romper todo, por eso desde ayer se que puedo pensar en ti en pasado y sin sentir ningun dolor.
Para cerrar todo mi rompecabezas he necesitado tiempo y milagrosamente ayer todo tuvo sentido.
Estoy perdido en las montañas del Atlas en Morocco a mas de dos mil metros de altura y ayer subí yo solo a ver amanecer y caminé durante dos horas para ver salir el sol, me senté en una roca y mientras salía el sol, lloré y mucho, lloré hasta que eche fuera todas mis penas, lloré por ti, por los momentos malos, por aquel hijo que no tuvimos y cuando no me quedaron más lágrimas me senti vivo de nuevo.
Cuando bajé no era consciente de mi transformacion, pero anoche hable mucho de ti y por primera vez no senti nada raro en el estomago, ni la sensacion de falta de aire…no me di cuenta en el momento pero esta noche de repente me he despertado y me dado cuenta, ya no siento dolor al pensar en ti.
Ahora ya puedo continuar mi vida, y desde hoy puedo pensar en ti con el cariño de alguien que estuvo en mi vida y ocupo un lugar muy importante pero ahora ya se que nunca volvere a pensar en ti como mi pareja. Te dije una vez que eras la mujer de vida, desde ayer se que me equivoque y que ella estara esperando para que creemos con ella una nueva familia. No se cuando tardare en encontrarla, pero ahora es seguro que puedo ponerme a buscarla.
Gracias por todo, como me conoces muy bien sabes que este correo esta lleno de amor y no de rencor, pero por primera vez de otro tipo de amor, mas el amor de la nostalgia y los recuerdos bonitos, que el amor de la pasion.
Desde hoy metere todos los recuerdos buenos y descartare los malos en una cajita mental…y asi de vez en cuando sonreire al pensar en ti y en los buenos momentos a tu lado.
Por supuesto que espero que te encuentres fenomenal y que tu vida se la mejor que puedas encontrar…gracias por todos los momentos, los buenos y los malos, todos me han servido para llegar hasta aqui. Lo paradojico es haber necesitado subir una montaña en un lugar perdido del mundo para darme cuenta, cuando todo estaba en mi interior…
Esta si es la despedida que me hubiera gustado tener, y por eso me he decidido a escribirlo y que la puedas leer.
Un gran beso y toda la suerte para ambos
Toda la tarde estuve mirando la puntera de sus zapatos, por no atreverme a mirarla a la cara, y no pude evitar darme cuenta que tenía restos de arena de alguna playa lejana. Y de repente sonó su teléfono y ella se marchó dejando su tercer café a la mitad, entonces por fín la miré a la cara y descubrí con convicción que jamás querría a nadie como a ella.
Me acerqué a ella cuando ella salía del bar, sin tener ni idea de lo que iba a decir, caminé un par de pasos a su lado, “Hola” un ruido ronco salió de mi garganta y ella sorprendida por el sonido de mi voz se detuvo en seco, mirándome de hito en hito. No sabía como continuar, sencillamente me hubiera gustado decirle que estaba enamorado de ella, y de sus pies, de su cara, de su andar felino, pero allí estaba parado enfrente a ella, sin nada que decir. Me miró otra vez perpleja, fuera del bar el sol bañaba su piel morena, y aparecía más hermosa…Mi cabello olía a humo de cigarro, mi aliento a vino y me preocupaba que el olor a frito del bar que impregnaba mi ropa llegara a su nariz.
De repente me dí cuenta que no hacia falta hablar, le tendí mi mano, de piel rugosa y estropeada por los años, y ella la cogió sin dudar, agarrados de la mano bajamos por el paseo, dandonos tiempo para descubrir nuestra primera conversación, sin prisa, sin nervios.