El Retorno de los espumosos…

Los espumosos regresan…con menos sex y más city que nunca

Archive for June, 2008

Ella

Ella llora en silencio, sin motivo aparente, sentada en una silla de la cocina y él la mira sin saber como reaccionar, en teoría no hay razón cercana que la motive, en la practica no recuerda nada que pudiera hacerla llorar. Mira sus ojos como dos lunas negras, que se reflejan en un estanque de agua blanca.

Cuando termina de llorar, se abraza al hombre, y de forma quieta le comienza a besar, el hombre que se está comenzando a acostumbrar a la intimidad del llanto, responde con pasión, ambos comienzan a hacer el amor de una forma silenciosa, descubriendo la piel del otro. El cuello de la mujer sabe salado por las lágrimas derramadas, el menudo cuerpo de la mujer desaparece debajo del cuerpo del hombre, apenas hace unos minutos eran casi unos extraños en un mundo que se resquebrajaba, ahora ambos se enroscan y confundiendo sus cuerpos en una forma casi perfecta de color nacarado.

Cuando terminan, él va a la ducha y bajo el agua intenta pensar, pero las ideas no se forman en cabeza, se coloca una toalla alrededor de la cintura y vuelve a la cama, ella está dormitando, en cierta forma amodorrada, por el llanto, por el sexo.

El la mira en silencio, y la descubre de nuevo, acaricia su cuerpo, desde el brazo a la pierna, para en el vientre que exhala pasión, que todavía se revuelve vivo. Se tumba al lado, y cierra los ojos, cuando se despierten se promete a si mismo que esta vez intentará conocer a la mujer que tiene al lado.

Molecular

Durante un instante todo el universo que tú y yo conocemos se detiene, se congela, se queda en suspenso con un paso de baile. Estás en el escenario, y todo tu cuerpo refleja satisfacción, tensos los músculos, la sonrisa presta, el gesto con donaire.

Y yo entre el público, yo aplaudiendo, emocionado como un niño, emocionado como un padre, disfrutando, pensando que sería bonito compartir más momentos así.

Al terminar con pelo mojado, me preguntas si me ha gustado, si has estado bien, si la gente te ha aplaudido, y yo te miro durante dos segundos antes de reafirmar, y descubro mientras te beso en la mejilla, que la distancia entre un labio y una mejilla es dos años de exilio.

Salvas con miradas adioses de hace tiempo…

Tus sonrisas se me pegan al alma, tu amor es suficiente para no bastar. ¿Cuánto tiempo crees que seguirá esta sensación?

Deja a tu lado mi último aliento y recoge la primera flor que te regalé. La flor que está ya marchita en recuerdos, en adioses de hace tiempo, me miras a la cara en silencio y recibes tristeza en mi mirada. Tristeza que se combate en batallas de besos boca a boca, de caricias de pierna en pierna, en el primario instinto de lo verdadero.

El jerez seco se consume sólo en la copa, las ventanas se cierran y los persianas caen sobre la noche temprana. La playa arrulla los recuerdos, la arena se esconde bajo las olas que la tapan.

Te asustas, te tranquilizas, te desesperas, cuanto tiempo tiene que pasar para que los dioses ratifiquen algo que tiene que ser verdad, verdad…¿Qué es la verdad?, un rumor, sólo un arrullo, un trago de agua fresca, y un momento de tránsito, diles a todos la verdad. No te quedes parada, no salves con sólo la mirada tus  necesarias palabras.

Sometimes we cry

¿Alguna vez has sentido la imperiosa necesidad de salir a la calle y gritar al mundo que estás vivo? Anoche paseé por la avenida principal bajo una fina lluvia primaveral, y recordé los días en los que tú me llamabas todas las tardes para contarme que la vida en Dinamarca avanzaba más despacio que en el resto del mundo.

Es curioso lo que se puede estrechar el mundo con una llamada de teléfono, tres mil kilómetros se convierten en apenas centimetros.

Mientras hablabas, yo recorría la casa contigo a ojos cerrados, oía como encendías tu último cigarrillo antes de ir a dormir, y como abrías las ventanas del salón y en pleno invierno yo desde Madrid sentía el frío gélido del norte en mis manos como si yo mismo estuviera frente a esa ventana.

Y anduvimos por las calles, por el paseo cerca del lago, y por la plaza, y nos sentamos en el banco cerca del canal dónde soliamos conversar, tú allí y yo aquí desde España, pero los dos sentados en el mismo banco.

Y anoche, me senté en un banco y te hubiera llamado para contarte que desde esta parte del mundo, la luna sale
por detrás de cuatro torres, y el mundo es más amable cuando sientes latir tu corazón debajo de un caparazón.

La lluvia y tú

Siempre he relacionado la lluvia contigo, desde el día que te conocí. Siempre la primera y última imagen que recuerdo de ti es tu cara empapada, bajo un paraguas rojo, demasiado pequeño para protegerte de aquella tormenta.

Y hoy que está lloviendo sobre el asfalto de la ciudad, y los semaforos parecen más verdes. y los coches avanzan como caracoles, mi mente se va a esa tarde, cada vez que llueve como hoy, salgo a la calle espero encontrarte.

Aunque sé que ya no vives en esta ciudad, y que es casi imposible que aparezcas otra vez, salgo y me quedo parado en la lluvia, viendo a la gente andar rápido, viendo la gente despistada sin paraguas, y esperando encontrarte.

Si te encontrara, si te volviera a ver, te diria que esta vez te quedaras hasta que salga el sol.

Por la sinceridad

Ella levantó la copa y brindó, “Por la sinceridad”, exclamó con los ojos muy fijos en él. Y comenzó a hablar ” Querido, no sabes lo que te quise, lo que te añoré, las noches que pensaba en ti, en tenerte a mi lado, en mi cama, en mi boca y nombrarte a todas horas, los últimos años me ha costado mucho olvidarte, no recordarte…”

Sorbió un poco de vino tinto antes de continuar, él miraba las flores de la jacaranda detrás de ella y pensaba en el precioso cuadro que la noche dibujaba, ella enfrente se dispuso a continuar “…ahora vuelves a mi vida, y te tengo que decir que ya no significas más que un amigo al que me apetece ver, al que me apetece hablarle de mi vida, pero que no se involucre en ella, en fin creo que todo ha cambiado tanto, que pienso que si acaso es bueno mantener un bonito recuerdo”, las dos copas se entrechocaron, más por el impetú de ella que por las ganas de él.

La miró, detenidamente, y descubrió una mujer totalmente, tan segura, tan hermosa, que lamentó amargamente en su interior el tiempo perdido “Por la sinceridad” susurró él.