“¿Puedes definir en sólo una frase el significado de placer?” pregunta el extranjero con un acento complejo de comprender y de imitar.

“Ah”, abre la boca Gustavo para contestar, “para mi el significado de placer es tanto como disfrutar de un instante de pasión con algo que me agrada. Por ejemplo escuchar a Rimsky Korsakov mientras me afeito”. Mayte interviene para preguntar si este Korsakov es algún locutor nuevo de la radio.

Gustavo no dice nada pero le lanza una mirada reprobatoria. El extranjero sin embargo no parece satisfecho con la definición de Gustavo. Mayte más práctica le dice, “para mi placer es acostarme con Gustavo a la hora de la siesta, en una tarde de primavera”.

Gustavo se azora y levanta la vista para encontrarse con una Mayte que le devuelve la mirada con unos ojitos picaros, como diciendo que cuando el extranjero termine el estúpido questionario, ambos tendrán que desabrochar botones y abrir cremalleras. El extranjero se da cuenta y emprende el camino de la puerta de salida, despidiéndose con gestos exagerados para demostrar que no quiere molestar.

En cuanto la puerta se cierra, Gustavo corre hasta la ventana y dejandola abierta, baja la persiana, luego rápido hasta la cadena de alta fidelidad, y en la sala empieza a sonar el primer movimiento de Scherezade, se acerca a Mayte y después de besarla, le dice “este es Korsakov”. Mayte con la mano bajo la camisa de Gustavo afirma “cosita linda este locutor”.
 
Ahora Gustavo está seguro, tiene que revisar su definición de placer.