Luna González se viste para ir a la boda, desecha los zapatos planos aunque eso le suponga a Jaime mirarla desde abajo, el vestido deja ver sus hombros pecosos y ligeramente tostados por el sol de primavera. Antes de salir se retoca por última vez delante del espejo, y se mira, y se ve francamente atractiva, a sus cuarenta, bueno en realidad a sus cuarenta y tres, pero con un guiño le pide que le guarde al espejito mágico ese pequeño secreto.
El taxi llega puntualmente a las 17.40, sólo un cuarto de hora tarde, y Luna entra con cuidado de no arrugar el vestido, el trayecto es corto, no más de quince minutos hasta el ayuntamiento, pero esos quince minutos le dan tiempo a regresar diez años atras, cuando ella iba a casarse con Jaime en una tarde de verano, pero luego cuando llego el verano ambos decidieron que era mejor abandonar el proyecto de pareja. Hoy Jaime se casa con Ana.
La puerta del ayuntamiento esta llena de familiares que alborotan, niños vestido como pequeños enanos de traje, mujeres con colores imposibles y hombre sudorosos con corbatas apretadas. El taxista sonrie y comenta, “al final ha llegado a tiempo”, Luna le mira y entre dientes dice “sólo que diez años tarde”.
Esta noche Luna será la mujer más guapa de la boda, y eso la hace sentir invencible y sabe que cada mirada fulminante de Ana la recargará de energia, aunque como venganza la haya sentado en la mesa de los desterrados, cerca de los primos revoltosos y los niños.