13 May
Posted by: Kenzo Tomochu in: Uncategorized
Paso a su lado, intentando no ser como ellos, habitante infiel de esta puta ciudad, escondiéndome, ocultandome de una luna podrida, una luna que nunca cambia de forma, que no es más que un viejo y amargo gajo de mandarina. Paro en cada semaforo esperando que el cambio de luz,rojo-verde-rojo, me insufle un aliento de vida. No pasan ya coches, no hay nadie que espere ninguna parada de autobús.
Pelo ralo, uñas sucias, piel ajada, en una ciudad sin espejos es casi lo mismo, en una ciudad de ciegos se convierte en casi igual. Mi cuerpo cree que tiene frio, mi boca castañea, y los oídos me duelen, me sangran con una sangre oscura, viscosa, los carteles no indican nada.
La ciudad no duerme, y su corazón late despacio, descompasado, como una vieja caja de ritmo. Digamos no, que no puedo respirar, no me llega aire a los pulmones, la presión y el miedo me oprime la caja torácica.
Miro el suelo y veo correr una rata albina que se para y me mira con sus ojos rojos, mordisquea mis pies y a lo lejos un buho ulula, grita, se desgañita y se desespera por una noche eterna en una ciudad que no duerme, no duerme hasta que muera.
One Response
Anonymous
14|May|2008 1Hoy tu relato me ha transmitido ansiedad,intento aceptar el sufrimiento como una enseñanza que nos hace crecer, que nos hace ser mas fuertes,hoy no estoy preparada para algo tan duro,quizas porque estoy empapada de campo,de primavera ,de jardines , la ciudad que tu relatas la tengo aparcada.HG
Mucho mas fresco el baile de color,(supongo que por supuesto de porcelana).
Leave a reply