Akenston, siempre le habían llamado por su apellido-incluso su mujer-se dispuso a comenzar su discurso. Agradeció al presentador sus amables palabras,mientras hablaba sintió un leve pinchazo de nervios en la boca del estómago. Miró al auditorio y no pudo dejar de reparar en la cara del hombre barbudo que se sentaba en la primera fila, éste le miraba con una inusitada atención, asintiendo a cada palabra, a cada gesto. Semejaba tener cerca de setenta años, y un porte atildado que le recordaba a su padre, muerto diez años antes por unas fiebres reúmaticas. Akenston disertó sobre la paradoja del nuevo individuo en una sociedad “patchwork” durante más de dos horas con una breve interrupción para beber un sorbo de agua. El tema no parecía interesar a nadie más que al anciano barbudo, de hecho al final de la conferencia,el auditorio presentaba un aspecto desolador.Akenston, recogió los papeles y miró al hombre barbudo que continuaba sentado y no pudo evitar dirigirse a él. ¿Qué le pareció la conferencia?preguntó al anciano de forma directa.El hombre barbudo le miró desde lo más profundo de unos ojos azules y acuosos, carraspeó e inició una breve pausa dramática, que a Akenston le pareció de minutos aunque apenas duró diez o quince segundo. ¿De verdad se cree lo que cuenta? Comenzó el barbudo, he esperando dos horas pacientemente a atisbar un mínimo de convencimiento en sus palabras, de creencia, mire Akenston, el tema es bueno, y el título es sugerente, pero usted es el peor conferenciante que ha pasado por aquí en años.Tenga usted en cuenta joven que llevó los últimos diez años viviendo en este salón de conferencias, desde que murió mi mujer y el estado me expropió mi casa. No es un piso con vista a la calle, pero se está calentito en verano y siempre al final de cada conferencia siempre se puede comer algo. Sólo hay que mantener buena presencia y aparentar atención. Buenos días Sr. Akenston, dijo dando por concluida la conversación. Akenston salió a la calle, pensando que el anciano barbudo se parecía más a su padre que lo que había pensado al principio. La tarde se apagaba y una suave brisa primaveral le empujaba a casa.