Ambos se gritan durante el desayuno, y se marcha sin tomar el café frío, el sol está escondido entre las nubes y el tráfico es imposible por la avenida central de una ciudad con nombre propio.
Durante el día entero un nudo se ha ido formando en su estómago, por la tarde mientras se acerca la hora de llegar a casa ese nudo ocupa todo su tronco, haciendo que el corazón lata descompasado. Cuando llega a casa el silencio se mastica, la cocina brilla inmaculada, y no hay un rastro perceptible de ella, salvo en el dormitorio, encima de la cama esta la ropa de ella, y el rumor del agua le indica que ella está en el baño, abre la puerta y entre la niebla del vapor de agua caliente, susurra una disculpa, aunque no sabe si fue él el que debe disculparse o él que inició la discursión, pero ahora se da igual, lo único que quiere es que el nudo que le atenaza desaparezca de su cuerpo.
Ella sale del baño con la piel escurridiza de aceite corporal y un kimono que ella deja caer enfrente de él, y contempla el cuerpo desnudo y menudo de ella.
El hombre no desea hacer el amor, mientras lejos suenan unas guitarras flamecas, quiere sentir la sensación placentera de reposar su cabeza sobre el pecho de la mujer. Quiere cerrar los ojos y escuchar el corazón de la mujer acompasado al ritmo, quiere que sus oídos sean una caracola que oye el mar a lo lejos.
Pero todo eso no se lo dice a la mujer, no quiere que piense que no la encuentra atractiva, quizás ella ya sabe que él no la encuentra atractiva. Quizás ya ambos lo saben, pero hacen el amor y luego comen a medias un plato de espaguetis y una copa de vino.
No tiene ganas de quedarse dormido, pero se duerme rápido y sueña, sueña con un cuerpo de mujer que se abraza.
Con ella camina por una ciudad con nombre propio, pero que en los sueños aparece llena de barrios imaginarios, de calles que no existen, de parques misteriosos. El sueña con las rodillas redondeadas de ellas, sueña su pecho, la abraza. En el periodo que une la vigilia y sueño, la oye canturrear, y él pegado a su cuerpo, nota el ritmo del cuerpo de ella convertido en caja de resonancia, sabe que si esta situación placentera se estira ambos serán felices sin necesidad de decirse nada.