15 Apr
Posted by: Kenzo Tomochu in: Uncategorized
La cama esta desordenada y húmeda, el mundo se ha transformado en la última hora y media, el tiempo que ha permanecido inexpresivo silente, mientras las goteras inundan la habitación, lo que ayer pareció hermoso hoy se ha vuelto asqueroso.
Tristeza y soledad en un solo lugar, respirando pesar en cada mirada y sintiendo miedo por no volver a tenerla. Las paredes recordaban que el frío no debería volver a aterrarle, pero la distancia y el no saberme cerca de ella le generaban una cierta sensación de incomodidad, quizás pasajera, quizás perenne, pero que no sabía explicar con palabras, el sentimiento de no tenerla con él le dolía en la barriga, no en el corazón.
Cuatro noches permaneció así acurrucado en el fondo de la estancia sin atreverse a salir, postrado por su propia inseguridad y el temor de enfrentarse al resto del mundo.
La quinta noche, una voz le habló en sueños, “Te queda tanto por vivir amigo, no debes quedarte así”. A la mañana siguiente recordó vagamente la sensación de bienestar que le producía el despertar cuando era pequeño, y olía a pan caliente y a café recién hecho.
El sexto día se atrevió a mirar por la ventana, durante unos breves segundos, y vio que nada había cambiado, la calle estaba en el mismo lugar y la gente paseaba sin prisa por el bulevar.
Esa tarde se decidió a salir, lentamente se incorporó y esperó a que el reloj marcara las seis para salir. El abrigo y su sombrero seguían en la percha, los zapatos estaban sucios pero daba igual. Se calzó lentamente el zapato derecho.
Bajó por las escaleras, rápido casi sin resuello mientras esperaba que nadie pudiera reconocerle. Nadie en absoluto.
Llegó a la calle, abrió el portal y se decidió gritó fuerte tanto que todos le miraron…”Me queda tanto por vivir, que no debo quedarme así”.
-¿Mamá por que grita ese señor, y por qué le falta una pierna? Preguntó un niño mirando insistentemente a su madre, ella sonrió con vergüenza y compromiso a Etien. Él la sonrió como diciendo “no pasa nada”, Ahora ya no le dolía la barriga, sólo el muñon.
One Response
Anonymous
17|Apr|2008 1Me gusta que hayas cambiado de tematica . ¿Sabes? dos de las cosas que mas me atomentan son la soledad y el frio,no se si habras estado en Berlin en el Museo Judio ,en una de las salas , compaginando la arquitectura ,el frio y el silencio, transmiten al visitante por unos instantes el horror de la soledad ,y el olvido.Yo no pude estar mucho tiempo , me estremeci y senti panico. HG-
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