Me levanté tarde, mi reloj marcaba las diez y veinte de la mañana, y oía la lluvia golpeando el cristal de la ventana. Menos mal que entre la ropa que me había traido habia un viejo impermeable, no muy a la moda pero útil para un día como hoy.
Me duché rápido y mientras tanto preparé un té en el calentador de cortesía. Se podía decir que había elegido un buen hotel, bien situado cerca de la catedral de San Vito y cerca del puente de Carlos.
Cuando bajé a la calle la lluvia habia parado, y la gente bulliciosa ocupaba la ciudad, las callejuelas del centro y los adoquines eran pisados por zapatillas, zapatos y por alguna bota de lluvia precavida.
La marabunta avanzaba rápido hacia mi, y sin darme cuenta me vi rodeado por una multitud de turistas despreocupados. Me dí cuenta que llevaba más de doce horas en Praga y todavía no habia pensado que iba a hacer, mi única preocupación por el momento, era oir un poco de jazz mientras paladeaba una cerveza tostada.
Cuando llegue al puente de Carlos, me detuve en el medio entre una pareja de japoneses y un vendedor de marionetas, miré al río Moldava, abajo unas barquillas descendían lentamente y un pequeño café en la orilla opuesta me llamaba.
El frío me calaba los huesos, y necesitaba algo caliente, mientras pensaba en mi pequeña casa sin nostalgia. Me fijé en una mujer, rubia, alta de unos 40 años, que también miraba el mismo bar, con un poco de suerte la volvería encontrar allí.
Me prometí que si la volvía a ver en el bar, hablaría con ella. Encendí un cigarro y encaminé mis pasos hacia una cerveza segura y una cita probable. Mis pasos dejaban un rastro de pisadas mojadas a lo largo de la calzada del puente.
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Anonymous
02|Apr|2008 1Me encantan esos retos, suelo jugar , no siempre gano.Me imagino una lluvia primaveral. HG.
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