Recordó esa pequeña cancioncilla trabalenguas, de las dos menos dos hasta las dos y dos, mientras miraba su reloj que casualmente marcaba las 13:58 con una insolencia digital que no podía menos que dejarle indiferente.

Miró a su alrededor, oculto tras el periódico, y adivinó la silueta perfecta de una mujer que no tenía más de 38, 38 años y 38 de pie, después de casí veinte años en la sección de calzado del Corte Inglés, era capaz de tallar cualquier pie de mujer solo con mirarlo.

La mujer 38, calzaba unas bambas cómodas, sin calcetines, una falda plisada y una blusa que llevaba abierta en un botón más de lo que la decencia vaticana postulaba y en un botón menos de lo necesario para una noche de lujuria.

Los ojos de ambos se cruzaron, breves segundos, y él se creyó enamorar de unos ojos verdes limpios, de una sonrisa franca y de una nariz pizpireta. Se fue a levantar y acercarse a ella, cuando un hombre de 45, cerca de cuarenta y cinco años y cuarenta y cinco de pie se acercó a ella y la besó.

El hombre miró su reloj 14:02, y volvió a sonreir…From two to two to two past two, I fell in love, I fell in love….