04 Feb
Posted by: Kenzo Tomochu in: Uncategorized
Cuatro y cuarto, terminé el segundo café, abrí otra vez mi cuaderno y me puse a escribirte las cosas que seguramente sería incapaz de decirte cuando te viera.
En media hora tu avión aterriza, y aqui estoy yo esperando en el aeropuerto, y no porque me lo hayas pedido, sino porque necesito volver a verte, y oir de tu boca todo aquello que se quedó sin decir.
Los trazos de mi letra comenzaban a cubrir el blanco inmaculado del papel, cosas que nunca te diré, palabras que se morirán en este cuaderno y sentimientos que nunca descubrirás. Releo el último parrafo y no le veo ningún sentido- Las horas se destejen en las noches sin luna, mientras te abrazo, mi mirada descubre en la oscuridad tu esquiva y oculta sonrisa.
El reloj marca las cuatro y media, a mi lado se sienta una familia, y a lo lejos el monitor anuncia retraso en el vuelo que viene de Londres, tu vuelo sigue marcando las 4.50 como hora estimada. Sonrío al mirar la cara de fastidio de un hombre con un cartel escrito con un apellido de sonoridad inglesa.
En mi cabeza o por el hilo musical, o en ambos sitios al unísono, aparece la música de la mer, comienzo a tararearla, y mientras tanto recuerdo nuestras manos entrelazadas hace mil veranos, la brisa agitando tu pelo, y comiendo una dorada a la sal a medias en una terraza de cualquier paseo marítimo de un pueblo blanco de cualquier parte de Italia, o de Grecia, o de España. Como viajamos cuando eramos jovenes, y que bien me sentía recorriendo el mundo a tu lado.
Cinco menos cuarto, la familia sentada a mi lado ya se ha marchado, y sigo yo sentado con el banco,con el cuaderno ya cerrado, el monitor avisa que en cinco minutos mi futuro se encontrará con tu presente, tu avión aterrizará y yo tendré la oportunidad de volverte a ver después de cinco años.
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