El hombre intenta ser egoístamente agradable, con el fin de obtener de los demás lo que pueda. Este mismo hombre mira de reojo al pescadero, mientras éste limpia un besugo. Esta noche tiene una cena especial, sus padres vienen a conocer a su la que va a ser su mujer. La que va a ser su mujer no le habla desde hace más de una semana, pero eso sus padres no lo saben.
El hombre paga religiosamente el besugo, aunque el pescadero tampoco sepa cuál es el destino que le espera a un pez de ojos tan grandes.
El pescadero lleva tres noches sin dormir, pero no por falta de sueño sino por falta de escrupulos. Lleva más de tres meses engañando a su mujer, y ahora su amante está embarazada. Y la embarazada le ha dado un ultimatum, o se lo dice a su mujer o se lo dice ella.
La amante embarazada nunca conoció a su padre, y se prometió que nunca sería una madre soltera, aunque le cuesta admitir que el padre de su futuro hijo sea el pescadero del barrio, calvo, gordo y cincuentón.
La que va a ser la mujer del hombre falsamente agradable escucha a la amante embarazada del pescadero calvo y cincuentón, contar la historia del embarazo a una amiga por el móvil, y no puede evitar que la curiosidad le haga escuchar con atención.
Los padres del hombre que compra besugo para cenar están deseando conocer a la mujer curiosa que escucha la conversación de una amante embarazada, pero les da miedo que al final su hijo se acabe casando con la mujer equivocada.
La mujer embarazada, la curiosa, el pescadero, el hombre agradable y sus padres y hasta el besugo, viven todos en tu ciudad, pero nunca los has visto, porque siempre estás encerrado en tus pensamientos y no miras a la gente.
Ahora todos están en tu cabeza, pero sólo porque has terminado de leer este pequeño cuento. ¿Crees que el besugo terminará en un horno, los padres tranquilos, los novios casados y la mujer del pescadero defraudada, mientras su marido se convierte en padre de un hijo de una madre soltera?¿Te importa?