13 Jan
Posted by: Kenzo Tomochu in: Uncategorized
Habían compartido cama, desayuno y el periódico de los domingos durante más de diez años, aunque no fuera el hombre de su vida, fue un periodo divertido y alegre. Juntos descubrieron las tostadas francesas, despertarse de madrugada para mirar por la ventana al frío de la noche, y los conciertos de jazz del Café Central.
Pero además hubo verdaderos momentos de amor, por esta razón, ella pensaba que él todavía la añoraba, porque durante un año después de dejarlo, él todavía la llamaba para hablar, para ir a conciertos, para mirar desde dos ventanas diferentes la misma luna.
Cuando le llamó para pedirle una cita, después de dos años, él le contesto que no, que ahora había perdido la ilusión por compatir tiempo con ella, y sin dejarla terminar, colgó con un gracias por llamar.
Ella descubrió que había perdido el tiempo, y él miró por la ventana como la luna se ocultaba al ritmo de Thelonius Monk. El descolgó el teléfono y la llamó, ella escuchó un sí al otro lado de la línea y otra vez ambos volvieron a mirar la luna desde dos ventanas mientras la música se escuchaba y el frío de la noche enfriaba sus caras.
Leave a reply