El Retorno de los espumosos…

Los espumosos regresan…con menos sex y más city que nunca

Archive for September, 2007

She´s so lovely

La pareja se separa por teléfono, ella cuelga el teléfono dando por terminada su relación con él, sólo una lágrima asoma por su rostro. Al colgar ella le ha pedido que nunca más la vuelva a llamar, que su sola voz le hace que el corazón se le pare, necesita seguir adelante, tiene que seguir adelante. El le ha prometido que nunca más volverá a llamarla, ni a verla.

El no ha llorado, a diferencia de ella, el ya sabía que su relación estaba rota, rota desde el comienzo,  desde los lejanos tiempos donde todo eran besos, caricias y palabras de amor, aún así estuvieron juntos durante casi siete años. Al colgar un dolor agudo le ha comenzado en el estomago, sin dejarle respirar.

Ella va a la cocina, y bebe sin respirar un vaso de agua, ahora tendrá que comenzar una vida nueva ella sola, mira su anillo, el anillo que él le regaló, y ahora sí las lágrimas caen por los ojos, mojando su cara y bajando por el cuello hasta el empapar su cuerpo desnudo.

El sabe que le prometido que nunca la dejaría escapar, que siempre pelearía por recuperarla, si ahora pudiera levantarse de la silla, la intentaría llamar otra vez, pero el dolor le mantiene paralizado y casi se ha desmayado.

De repente ella recuerda que el último verano, los dos tumbados en el mar, él le prometió que volvería por ella si alguna vez se separaban, ahora espera que no lo haga, todavia el amor no ha desaparecido, pero ahora siente algo, no sabe todavía qué por otro hombre.

El llega a duras penas a la cama, y se duerme mientras el dolor remite poco a poco, cuando se despierte se dará cuenta que en realidad si estaba enamorado y ahora la ha perdido para siempre.

Ella descuelga el teléfono y marca el número del otro hombre, queda para cenar, cuando termine la cena ambos se besarán apasionadamente, y que ahora él ya no es más que un recuerdo en su vida.

 

Una pizca de pasión y un poco de desorden

Antes de que te des cuenta ya te estoy besando, ni siquiera me has visto llegar, sentada como estabas en el banco del parque. Cuando recobras la respiración, agitada por el beso, sonries primero un poco y luego abiertamente. No lo esperabas, ahora que tienes novio.

La verdad, amiga mía es que yo tampoco lo esperaba, creo que todo ha sido debido a una pizca de pasión y un poco de desorden, de desorden celular, o de desorden armónico, o desorden alimentario, ahora que tienes novio.

Te das cuenta, es verdad que no lo esperabas, pero no te ha extrañado que lo hiciera, como a mi no me ha extrañado que tú te entregaras en ese beso, devolviendo pasión con pasión, ahora que tienes novio.

No te preocupes, solo te pido que seas mía hasta que caiga el sol, hasta que se esconda por detrás de esas cuatro torres gigantes. No te preocupes, sólo te pido que me abraces y que dejes caer tu cabeza sobre tu hombro, que me arropes, que sientas un poco de mi tristeza, ahora que tienes novio, o precisamente porque tienes novio.

Mañana cuando el sol vuelva a salir, tu volveras a tu vida pretendidamente estable, de domingos de periódicos en la cama y churros para desayunar, y yo a despertarme con alka seltzer y otro trago de vodka. Pero ¿Por qué no te quedas esta noche a mi lado? aunque tengas novio, o precisamente porque tienes novio.

Agarro tu mano, la aprieto fuerte, el frio del otoño, ya se hace sentir, las primeras hojas caidas se amontonan a mis pies, a tu pies. No sé como pedirte que te quedes, a lo lejos los gritos de unos niños, ahogan mis palabras, que salen con dificultad de mi garganta, que se esconden de los últimos rayos de esta tarde de finales de septiembre. Quedate, quedate y te dibujaré un mundo perfecto, sin salir de este parque, sin salir de este banco, un mundo que te demuestre como te quiero, como te necesito, aunque tengas novio.

Me acaricias, lentamente la cabeza, y comienzas a hablar, es tarde, es tarde no sólo porque el sol ya se ha escondido, es tarde porque esperabas que te hubiera besado antes, porque te hubiera hablado antes así, porque ahora ya tienes novio, porque un mundo ideal no se construye de sueños en un banco de un parque. Porque no vas a pasar esta noche conmigo, aunque me dices que hubo un tiempo en el que querias, en el que deseabas, pasar no una noche, sino una vida conmigo. Ahora te levantas, ahora porque tienes novio, lentamente te alejas, por el camino que lleva a la salida, por el camino que te lleva a unas tardes de otoño, contando los ratos, viendo llover por el cristal, tomando chocolate caliente.

Me quedo sólo y te veo alejarte, subo el cuello de mi chaqueta y me encojo, me escondo del frío, meto las manos en los bolsillos, arrugando los billetes de avión que tenía preparados. Debería saber que la gente que busca una vida normal y estable, no se va a Praga, aunque el otoño en Praga sea para los amantes, aunque compartir una botella de vino a medias, aunque escuchar jazz en el puente de Carlos son cosas que me encantaría vivir contigo. Son de esas cosas que solo un tonto sueña hacer con su amiga del alma, y ahora es tarde, porque esa amiga, ya tiene novio.

La historia de Glau y Leo

Glau mira a Leo y le susurra al oido ” Dejemos todo, olvidemos los problemas,marchemonos, vayamos a colonizar una isla desierta, solos tú y yo, la bautizamos con un nombre absurdo, y la llenamos de nuestros pequeños salvajes”.

Leo la mira y sonrie, “Querida, estos sueños han ocupado por completo tu cabeza, lo malo de los sueños es que se rompen o se terminan, y cuando se terminan es porque no se han cumplido o porque los has conseguido, si los consigues convertir en realidad ya nunca más son sueños”

Glau mira con tristeza a Leo, mientras éste continua “Y sí ahora esta idea loca tuya, se convirtiera en realidad, si es que todavía quedan islas por colonizar, te imaginas tú y yo compartiendo una vida entera, mirandonos de frente a la cara y teniendo que enfrentarnos y nuestros miedos y contradicciones para el resto de la eternidad. Un día te despertarías y me verías tal y como soy, y ese día seguro que desearías abandonarme y marcharte de esa isla de nombre absurdo, con reproches, con rencores, y yo te odiaría por haberme llevado tan lejos para abandonarme después”.

Glau, cierra su ojos llenos ahora de lagrimas y comienza a hablar entre susurros ”Leo, me encanta saber que eres mi amor, solo con pensarlo, mis ojos se humedecen como ahora y mi corazón se sale de mi pecho, no sé como explicar porqué me siento tan feliz, y esta es la razón por lo que todo me parece un sueño, porque tu me has dado la confianza que necesitaba, para creer en mi, en mis sueños”

Leo la abraza ya convencido de su estupidez, mientras Glau continua “Tú me haces sonreir sin miedo, tú me haces sentir completa, gracias a ti me he podido encontrar a mi misma, ser yo misma, tú me haces soñar con un futuro, que no creí que existiera. Y tú me dices lo que sientes con tus besos, tus caricias, tus abrazos y me haces cada día más apasionada. Si todo esto es un sueño, no me dejes nunca despertar a la realidad”

Ahora, los dos se besan, besos quemados de pasión, besos de sentimiento, de amor. Al separar sus bocas, la de Leo comienza otra vez a hablar. “Nunca imagine que el amor pudiera cambiar tanto mi vida, a veces consigues más de mi con una sola frase tuya que un tratado sobre el amor de más de mil líneas, cuando me besas, la brisa del mar me acaricia la cara, tantas veces he pedido encontrar alguien como tú, has conseguido que la palabra amor tenga para mi otro significado, antes no era nada más que un sentimiento, ahora el amor significa para mi: vida, alma, besos, sueños, deseos, futuro, sonrisas, familia….y sobre todo tú”

A la mañana siguiente, sus amigos lo buscaron por la playa, al mes siguiente la policia dejó de buscarlos, a los tres años la familia, ya se había resignado a no verlos más. Cuando yo tenía diez años, mi madre me contó la historia de mi tía Glau que una noche de verano desapareció en el mar de la mano de su amado Leo.

No sé si hoy, porque comienza el otoño, o porque las hojas de los arbol dan por concluida su misión y se dejan caer para descansar en el suelo o porque hace más de una vida que sigo soñando, y tú estás todavía ahí, al otro lado, o por que la magia existe, o porque todavía seguro que queda una isla más por colonizar,  o porque queda una vida más por vivir,o por ninguna razón en especial, o porque a veces los sueños no se terminan, o no se alcanzan , o porque otra vez me gustaría tener diez años y escuchar con los ojos abiertos la historia de Glau y Leo. No sé si por todas estas razones, hoy me he acordado de ti y como un hilo imaginario que uniera , he recordado

Epílogo:

Mientras el mar les cubría, Glau se abrazaba fuerte a Leo, ya nunca sentiría miedo, ya nunca tendría que despertar de ese sueño, ese sueño, donde el sol se ponía detrás de una playa de arena fina, y ella miraba a su amado, con los ojos humedecidos y el corazón queriéndole salir de su pecho.

 

El soleado viaje de Punjab Rashib

 

Cuando Punjab se levantó aquella mañana todavía no había salido el sol, pero se dijo a si mismo que sí uno ha decidido comenzar una nueva vida, al menos debe madrugar. No tenía mucho equipaje, dos bolsas viejas llenas de ropa aún más vieja y de los recuerdos de su vida.

Punjab asociaba cada recuerdo de su vida a un color y un olor, siempre había sido así y ahora no lo iba a cambiar. El primer beso de su madre, era morado cúrcuma, el último abrazo de su padre era verde curry, y su última desilusión era rojo menta, sin embargo  hoy pensó que este viaje sería azul y cilantro, lo que más divertía a Punjab es que  no existiera  ninguna coherencia entre los colores y los olores, cuanto más ambivalentes fueran, más propios y descriptivos de su  realidad los veía.

Lentamente cerró la puerta de la casa familiar, en la mano la última carta de Priyanka, esa carta que terminaba con un “Te espero, y te necesito…” Priyanka se habia marchado con su familia a los Estados Unidos, a Nueva York, hacía más de cuatro años, el padre de Priyanka siempre había pensado que la India no era el país ideal para que ella tuviera su vida. En realidad tampoco le gustaba que Punjab se acercara tanto a su hija…seguramente pensó que al irse todos, la relación entre ambos habría muerto por la distancia.

Pero no fue así, casi todos los días Punjab escribía en una libreta sus pensamientos, sus colores y olores, cuando terminaba la última hoja le enviaba la liberta por correo. Durante los cuatro años, que habían pasado desde que Priyanka se marchó, Punjab había rellenado 42 libretas que esperaba que ella guardara. Ella sin embargo en ese tiempo sólo había enviado 3 cartas. A Punjab no le preocupaba no tener casi noticias de ella. Ahora ella le necesitaba y él se sintió preparado para ir a su lado.

Respiró hondo, miró al horizonte y mientras el sol comenzaba a despuntar a su espalda, Punjab colocó sus dos bolsas en la vieja bicicleta, se sentó y comenzó a pedalear. Pensaba que según , sus cálculos, que tardaría no más de dos años y siete meses en llegar. Mientras bajaba por la ladera de Darleeling, Punjab iba dejando tras de sí un rastro de amarillo y té.

 

¿Entiendes que te amo?

 

¿Entiendes que te amo?, desde las puntas de mis pies hasta la copa de mi sombrero, desde la noche al día, desde que me despierto hasta que me acuesto con las últimas luces del día.

Olvidarme de ti, y marcharme, las lágrimas me nublan los ojos, mientras cierro mi bolsa de viaje, la garganta se me seca y casi soy incapaz de respirar cuando cierro la puerta y bajo las escaleras. Salgo a la calle, me importa poco que llueva, me mojo sin darme cuenta y ando sin rumbo hasta que el frio se pega a mis huesos, me cuesta mantener erguido mi cuerpo, el peso de la bolsa y de los diez años que hemos pasado juntos, me encorvan la espalda, y me hacen mirar al suelo, el suelo mojado, refleja la sombra de un fantasma, del fantasma en el que me he convertido al marcharme, al perderte. ¿Entiendes que te amo?

Te amo desde tu primera sonrisa, desde el beso que me tiraste con la mano, desde la primera vez que me acariciaste el pelo, desde que me abrazaste, desde la primera noche que dormimos juntos, desde la primera carta que me escribiste.

Entro en el bar de la estación, cuando queda sólo media hora para que mi tren, que ironía llamarlo mi tren, un tren que me aleja, me lleva de tu lado. Intento sorber un café y el contacto con el líquido caliente, me provoca nauseas, las ganas de vomitar me llevan hasta el baño. Mientras vomito, el espejo sucio refleja la imagen de un fantasma, del fantasma en el que me he convertido al perderte, al marcharme ¿Entiendes que te amo?

Te amo desde siempre desde que te conocí, o te amé antes de conocerte, ya soñaba contigo mil años antes de encontrarte, cuando te encontré no dudé tu eras y eres la mujer de mi vida.

Las agujas del reloj tejen y destejen mis primeras horas de ausencia, y del resto de mi vida sin ti. El tren abandona tu ciudad conmigo dentro, cierro los ojos, y recuerdo tu último beso, y tus últimas palabras, antes de que perdieras el conocimiento para siempre, antes que los sedantes aliviarán tus últimos momentos, mientras te apagabas abrazada a mi, tus últimas palabras resuenan en mis oidos, y se quedan quietas, quedas en mis oídos desde tu último susurro a mi primer pensamiento, te despediste de mi con una sola pregunta ¿Entiendes que te amo?

La pena se me agarra al alma, callate, se ha acabado…claro que entiendo que me amas, que me amabas, lo que no entiendo es porqué te tuviste que marchar, dejándome. Olvidarme de ti y marcharme, ¿crees que mi amor por ti se acaba, porque tu te mueras, porque yo me marche?

33 maneras de atarse los zapatos

El hombre se sentó, y miró sus zapatos. Siempre había pensado que los zapatos de un hombre definen su personalidad, y ahora calzaba un zapato italiano de doble cordón y abotonadura clásica. Aunque según un cálculo rápido existían cerca de dos trillones de posibilidades de colocar los cordones en los nueve agujeros de su zápato, él se sentía orgulloso de no haber cambiado su lazada desde que aprendió con siete años a atarse los zapatos.

Ahora estaba en la sala de espera de un conocido banco, esperando por una entrevista para optar a la posición de director que quedaba vacante. El anterior director, acababa de dejar el banco para iniciar una aventura que le llevaría a recorrer la vuelta al mundo. El antecendente le preocupaba, imaginaba que alguien que va a dejar una posición cómoda y confortable por un reto semejante debería ser de un espíritu aventurero del que él obviamente carecía. En las entrevistas preliminares le habían comentado lo encantados que estaban con el anterior director y como se valoraba su espíritu y caracter emprendedor. Se volvió a mirar los zapatos, y el nudo del que antes le había sentido orgulloso, ahora le parecía obvio y casi infantil, impropio de alguien que opta a cubrir la posición de un intrepido.

Se comenzó a sentir intranquilo, nervioso y se dió un repaso rápido a la indumentaría, su terno de corte diplomático, su corbata oscura, el pañuelo en el bolsillo, nada que pudiera hacer pensar en él como un hombre de aventura, preparado para cualquier reto. Cuando estaba a punto de levantarse y musitar cualquier excusa a la secretaria para abandonar el banco corriendo con su aspecto de hombre pusilámine, recordó un viejo libro tratado que había leído cuando era pequeño en casa de su abuelo, “33 maneras de atarse los zapatos”, por Ian Shoelace. Intentó recordar alguno de los métodos que allí se explicaban, sí al menos pudiera cambiar la apariencia de sus zapatos, y con eso dar una imagen más intrepida, pensó.

Disimuladamente se quitó un zapato y deshizo la lazada, la secretaria que hasta entonces había permanecido impasible comenzó a prestarle atención. Al rato el zapato reposaba en su rodilla y el cordón comenzaba a dibujar arabescos entre los ojales. Pensó que sería más fácil si lo hacía con los dos zapatos a la vez, y se quitó el otro. Al rato se estaba peleando con ambos zapatos sobre sus rodillas, imposible de recordar una forma de las que él Sr. Shoelace relataba en su libro. pasaron otros dos o tres minutos y la impaciencia y la desesperación fue creciendo en él.

En ese momento apareció el Presidente del consejo, para saludarle e iniciar la entrevista, él se encontraba descalzo con los zapatos en la silla continua y los cordones en la mano. El presidente le dió la mano y pensó “¿Cómo dejar la empresa en manos de alguien que no es capaz de atarse los zapatos?”, decidió que la entrevista no duraría más de cinco minutos, y deseó que su antiguo director terminara pronto de dar la vuelta al mundo y decidiera volver.

Dedicado a nuestro amigo David.

Besos que se mueren en tus labios

 

Si pudiera volver a verte, si pudiera sólo mirar por tu ventana, si al menos te tuviera en mis brazos una vez más, no hablar de nada, solo estar abrazados, no decirnos nada, ni decirte que te sigo queriendo,  ni que lloré por ti, ni de lo mucho que te necesito.

Y es que hay corazones que laten resonando en la misma frecuencia, como el tuyo y el mio, aunque hayan estado ya más de un año separados, siguen latiendo al mismo compás. y  ahora cuando lees esto, me gustaria pensar que tu corazón salta como ha saltado el mio al escribirlo. Hay besos que se lanzan al espacio, al aire, al vacio, hay besos que se mueren en tus labios.

Pero me dices que no, que no me extrañas, que tu vida es ahora perfecta, hablame, hablame de la nada, de lo que te pasa sin mi, dime algo, dime que al menos soñaste una vez con nosotros. Si pudiera al menos, una vez dormir a tu lado, cuerpo pegado a cuerpo, pero no será más así. Porque ya te fuiste una vez, y yo sufrí, ahora si te volviera a ver, lloraría, gritaría, suplicaría, y seguro que tú me dirías que no me extrañas, que tu vida es ahora perfecta, pero cuando me lo digas, no me mires a los ojos, no quiero saber si me mientes, ni que me vuelvas a ver llorar.

y aunque hay corazones que aunque siguen latiendo en la misma frecuencia, como el tuyo y el mio, nunca más volverán a verse, porque ahora tu vida es perfecta, y la mía espero que algún día también. Mientras tanto lanzo mis besos al espacio, al aire, al vacio, para que si pueden mueran en tus labios.