La mujer de mi vida

Pero por qué nos empeñamos en idealizar lo que queremos encontrar y no dejamos que, simplemente, surja? Condicionamos desde el primer momento lo que tiene que pasar y nos creemos con la posibilidad de encontrar, por azar, por destino, por serendipia, a esa mujer que sólo aparecerá una vez y nunca más. Nos generamos unas expectativas que nos hacen idealizar lo que queremos y que no nos permiten disfrutar de lo que encontramos o, todavía peor, nos hacen buscar, en lo que encontramos, lo que queremos encontrar. Cuántas veces nos ha pasado? Recuerdo una de mis mejores vacaciones, en compañía de mis mejores amigos... Salimos desde Denia en un precioso velero - no sabíamos cómo era, simplemente nos lo encontramos allí cuando llegamos - no le habíamos añadido nada en nuestra imaginación y nadie nos había contado nada.... Hicimos nuestra primera compra sin saber lo que había que comprar para pasar diez días dentro de un barco. El patrón puso una cara! No daba crédito, nos lo íbamos a beber toooo. Y las maletas... peor careto, creo que llevábamos hasta una camisa por día... y fueron dos camisetas y un pareo. Y que sabíamos? sólo queríamos pasarlo bien. Salimos e hicimos la travesía de noche, saltaban los delfines debajo de la proa del barco mientras Edu y yo íbamos sentados cogidos al timón, rumbo a Ibiza. Toda la noche charlando, disfrutando, con nuestras primeras cervezas abiertas. Un poquito de chill out sonando mientras algunos se recuperaban de las primeras vomitonas. Y llegamos a Benirrás, bendita cala, bendita puesta de sol, bendita fiesta de los tambores. Que peoooo! Impresionante. A Ernesto (ya era Ernesto, no "el patrón") lo tuvimos que retirar de la playa, totalmente inconsciente, a que se yo que horas de la madrugada. De allí rumbo a Es Vedrá, navegando junto a la puesta de sol, con Formentera al fondo. Baños desnudos en aguas cristalinas, mojitos en Cala Saona, salidas nocturnas con pareos, nueve personas metidas en un twingo en busca de bailes y abrazos, paellas y tintos de verano, partidas de risk, envites al mus, charlas bajo la lluvia de estrellas, historias sobre Zeus, porritos pasándose de mano en mano, miradas de amigos... Fue tan bonito aquello que vivimos que el año siguiente repetimos las vacaciones con la idea de volver a encontrar, de nuevo, las vacaciones de nuestra vida, haciendo el mismo recorrido, queriendo ir a las mismas calas, a los mismos garitos, cruzarnos con los mismos peces, buscar las mismas estrellas que tan cerca tuvimos... Y nos perdimos un verano que ya no volverá, y no lo pudimos disfrutar porque no existe "el verano de mi vida" si antes de empezar ya sé cómo quiero que sea y, sin quererlo, lo convierto en una ilusión. Lo peor es que nunca sabremos qué nos perdimos, todos, aquel verano. Lo que es seguro es que ya no volverá.














