El Retorno de los espumosos…

Los espumosos regresan…con menos sex y más city que nunca

Archive for December, 2007

Hace un año…

Un atentado en un aeropuerto, yo estaba volviendo de Barcelona en el momento que la bomba estalló, y mi coche estaba en la planta 4 del módulo que desapareció, ese descapotable negro que me compré una tarde de junio de 2000, al poco de conocerla a ella, ese coche que me acompañó en viajes alegres, en viajes tristes, por las mañanas a trabajar, por las noches a descubrir el futuro.

La sensación de libertad, el aire en la cara, compartimos muchos sueños, esperanzas y planes. Por eso no me extrañó que el coche desapareciera, aunque fuera en un atentado, a los pocos días de que ella desapareciera de mi vida, las etapas se acaban, se mueren, y los objetos que las hacen posibles desaparecen con ellas.

Ahora sí, que todo esta cerrado, el año que empezó una noche del 20 de diciembre, ha llegado a su fin.

Hace un año escribí esto en el post…

¿Qué probabilidad existe de encontrar en la ciudad de menos librerias del planeta tierra, un libro descatalogado hace cuatro años? El libro de Amar de Florence Montreynaud, de la editorial Evergreen (Taschen) que trata de las mejores historias de amor del siglo XX…imagina que después de recorrer 10 librerias de viejo, encuentras uno en buen estado…imagina que se lo vas a regalar a Marta y lo metes en una gran caja con lazo…como has tardado y tienes que volar a Barcelona, decides ir al aeropuerto en tu propio coche…

¿Que probabilidad existe que entres en el puente aereo de las 17.45 y te toque en el asiento de al lado una guapa mujer? ¿Y que posibilidad crees que tiene que te pregunte para quién es el regalo y comience a hablar contigo? y ¿qué probabilidad puede haber de que esa mujer, te dé su teléfono y te proponga quedar…el viernes por la noche, cuando tu tienes previsto volver el jueves por la tarde?

¿Y qué probabilidades de qué Andrés, llegué a Barcelona, y quedes con el jueves por la noche…en Luz de Gas? y cuantas de que se encuentre con su ex-novia en esa discoteca y que una amiga de esa ex-novia sea la RRPP del hotel en el que estás alojado…y te consiga que puedas ampliar la noche del viernes en un hotel completo?

¿Y cuantas posibilidades le darías a quedar con esa desconocida y pasar 12 horas con ella…y que sea un encanto?

Y cuando esta mañana estás recién duchado te diriges al Prat..y embarcas en el puente aereo de las 9.45, contento y feliz de tres días barceloneses que te han curado de todos tus males…Qué posibilidades puede haber de que el comandante te diga…”Estamos a punto de aterrizar en Barajas, pero el aeropuerto acaba de sufrir un ataque terrorista”…y que cuando finalmente aterrizas…te des cuenta que acaba de estallar una bomba en el mismo módulo y la misma planta que dejaste tu coche el miércoles…¿Crees que existen muchas probabilidades?

La mañana 13.870

Esta mañana era igual que las trece mil ochocientas sesenta y nueve mañanas que él había vivido antes, el sol lucía razonablemente en el cielo, con apenas un par de nubes en el cielo que le pudieran molestar, el despertador había sonado puntualmente a las 7.30 y ahora la cafetera anunciaba que el café estaba listo.

Se sentó en silencio, como solía hacer en la cocina de azulejo blanco, y miró al fluorescente, y luego un poco más allá hacía la mancha de antigua humedad, y pensó que no estaba mal cumplir 38 años.

Mientras se comía un par de galletas hizo un repaso rápido de su vida, y sobre todo del último año, volvió a mirar la mancha de humedad y recordó el día que la descubrió, apareció el mismo día que ella se marchó, o mejor dicho al día siguiente. Recordó ese día, y cómo le sorprendió que su única compañía fuera una mancha de humedad recién aparecida, y como le contó todo lo que no fue capaz de contarle a ella, quizás por cobardía, quizás por miedo. En los siguientes días se fue convirtiendo en un hábito, una especie de terapia hablarle a la mancha, contarle que tal el día anterior, sus últimas intimidades, sus anhelos frustados, y sobre todo los recuerdos de ella.

Terminó una tercera galleta, ya hacía más de tres o cuatro meses que no hablaba con la mancha, pero esta mañana, sólo porque cumplía años se sentía en la necesidad charlar otra vez con la mancha. Pero sorprendentemente un ataque de tímidez o un acendrado sentido del rídiculo le impedía artícular palabra, no era capaz de abrir la boca para charlar otra vez con esa especie de vieja amiga.

Pero lo que más le sorprendió, fue escuchar la voz clara y argentina de la mancha diciendole “Feliz cumpleaños, corazón”.

Cuando alguna vez me recuerdes…

He estado un año entero persiguiendo fantasmas, recordando tu sonrisa, soñando contigo, leyendo tus cartas, mirando tus fotos.

Y ahora ya no voy a perseguir más, me plantaré ante la ventana y esperaré mirando hacia fuera. Intentaré recordar como te había visto por última vez, aunque no recuerdo el día concreto ni el mes. 

Me siento en una silla, y me quedo con los ojos en blanco, recordando esa última vez. Mi amigo se acerca por la espalda y me pregunta ¿En que piensas?. Me sorprendo, no sé cuando tiempo ha pasado, miro el reloj…son las dos y media de la mañana, he pasado más de cuatro horas sentado en la silla. Le contesto, “En un desierto”, mi amigo me mira y sonríe…”En ella, ¿no?”…Me levanto de la silla y me sirvo un trago largo de whisky, y lo bebo sin respirar.

Cuando alguna vez me recuerdes, cuando alguna vez pienses en mi, sonrie y quedate un minuto sin pensar.

Un momento para inspirar…inspire, respire…

Carmen ama la estética y por eso ha escrito sobre el amor, entre sus lineas un hombre solitario y mayor ha descubierto el amor.

Marta se olvida de practicar lo que predica, y no demuestra su empatía, sólo busca ser féliz, pero sus amigos la añoran, comiendo cerezas en una plaza del poble nou.

Alicia se recupera de sus heridas, pero mientras tanto mil quinientas veintidós putas parísinas esperan ser bautizadas por ella mientras pasea por debajo del pont neuf en un baton mouche en una noche sin luna.

David se moja los pies en el atlántico, y otea el horizonte, su moto agotada mira con envidia un coche que nunca salió de Paraty.

Ana estira una linea invisible debajo de sus pies, y la salta. A partir de ahora ya puede hablar de lo que quiera, siempre que quedé un violín en el taller del luthier.

Alex cambia de email, sin explicar porqué otros cambiaron de identidad de una manera similar.

Kate toma otra ginebra en un jardín desierto mientras la brisa húmeda se le acumula en sus hombros, pero no le pesa más que su soledad.

Amparo se asoma a la terraza y mira el mar, sin embargo la felicidad acampa quince años más atrás.

Otra Ana se despierta por la noche, mira a su marido dormido, va al salón mira al techo y después de dos horas vuelve a dormir.

Jane no recuerda quien es, y se olvida día a día en su casa de Paris, un recuerdo tras otro, mientras enciende la luz. Por las ventanas llueven molinos de viento, mientras cae la noche a las seis treinta y seis minutos.

Emilio ha visto morir a su último paciente. Llega a casa se ducha y enciende una vela. La próxima vez será mejor.

Lars y Kate se aman en silencio, mientras a su lado su hijo Tobias mira a su hermana con envidia.

McG vuelve a Madrid y las calles heladas la reciben con música sorda, y nostalgias nocturnas. Las luces y las palabras escritas le repiten ..no te vayas sin avisar…

Gonzalo y Andrés terminan una cerveza a medias, mientras el próximo verano se dibuja en un trozo de papel, una canción se vuelve cercana, y ellos sonrien a dos hermanas gemelas apoyadas en un espejo concavo.

Iben cierra los ojos y piensa en hace un año, y suspira aliviada…al final no fue tan duro.

Yo me tomo un momento para inspirar, antes de respirar…el doctor repite: inspire…espere….recuerdo, respire…mientras tanto todos los recuerdos de este año, se desvanecen. 

 

Se olvidó de vivir


No volvimos a hablar, desde aquella tarde en el que le dejé la nota en la puerta de su restaurante, el Camomille, y salí huyendo hacía Calais. No volví a saber de ella, hasta ayer.

Su amiga Sabine pasó por Madrid y me llamó para tomar un café, y me contó la parte de historia que me faltaba por conocer. Al terminar el café la tristeza inundaba el ambiente, Sabine se levantó y besándome en la mejilla se alejó por el paseo del Prado. Me quedé durante dos minutos, o quizás fuera un instante, mirando la taza vacia que había dejado Sabine y recordando a Jane.

Mi primer impulso fue llamarla, pero me faltó coraje para apretar la tecla de marcado de mi móvil. Salí a la calle y la niebla me recibió mientras encaminaba mis pasos hacía el Retiro. Mi cabeza me llevaba de un lado a otro y recordaba la última noche en Evreux, antes de que su marido Pierre me pidiera que nos les volviera a ver, antes de mi huida hacia Calais.

Me senté en un banco del parque, una chica que tropezaba era recogida del suelo por un amable patinador, un pato pescaba un trozo de pan en el estanque, y yo hundía mi cabeza entre las manos, mientras mis recuerdos se confundían con la historia de Sabine.

Cuatro años, pasado y presente se mezclaban convulsivamente en mi cabeza, Jane se había divorciado de Pierre, su madre habia cerrado el Camomille, y ella, Jane, se había trasladado a Paris, ya nunca más seria artista, ya nunca más volvería a bailar salsa en el Lolette, y no me preguntes porqué. Ahora tenía que decidir, olvidar que la conocí y no recordar, o ir a verla, ir a Paris.

Volví a casa, y compré un billete de avión para Paris, saldrá mañana, tengo su dirección, e iré a verla, aunque no me reconozca, aunque nunca sepa por qué cuando la vea la besaré la mejilla, necesito verla, por ella, por mi.

La canción terminó pero la melodía sigue sonando…

Me gustaria abrazarme a una canción y tararearla a tu lado mientras el resto del mundo nos mira entre incrédulos y divertidos. ¿Has sentido alguna vez esa sensación?

Me moriría por compartir el último vino de Châteauneuf-du-Pape a tu lado, mientras el tiempo entre nosotros se cristaliza en eterna forma de pez y los abedules lloran sus hojas de otoño con melódica sinfonía ¿Sabes de que te estoy hablando?

Me gustaría subir una montaña, me gustaria respirar hondo y que me falte el aire, como cuando tu no estás, y me desespero en cualquier esquina esperándote ¿Ves como te añoro?

Te llamaría con cualquier excusa, por ejemplo para preguntar si llueve más de diez dias al año el desierto del Gobi, sólo para poder oir tu voz entre risas ¿Te diviertes a mi lado?

Fundemos un club para ti y para mi, sin más afiliados ni socios, solos mi sonrisa y tu mirada, mi anhelo y tu complicidad, mi noche y tu día. ¿Te apuntarías?

Mezclemos en tres partes todos nuestros recuerdos, cavemos un hoyo profundo y enterrémoslos ahí como sí pudieramos zafarnos de ellos para siempre, y poder comenzar cada día de nuevo a conocernos, a querernos y a comprendernos ¿Estarías dispuesta?

Si cada noche pudiera dormirme a tu lado y al despertar notar tu mano alborotandome el pelo, sería feliz.¿No es tan complicado verdad?

Kate se olvidó

Un día Kate decidió olvidar el amor, y no le costó mucho. Tiró todos los recuerdos, las cartas y cualquier prenda de ropa que le recordara algún momento feliz a su lado. Hizó un gran montón y lo metió en una bolsa negra, de esas de basura con asas.

Ese día se dió una ducha, como si el agua pudiera hacer desaparecer las huellas del dolor, del amor amargo y de la desilusión, y se mantuvo debajo del agua por más de media hora, después se cobijó en su albornoz y enrolló una toalla a su pelo.

Preparó tostadas con miel y un café largo. Como era sábado no tenía prisa, y además ningún plan. Miró por la ventana y la niebla madrileña la invitó a salir, desde pequeña la niebla había causado cierta fascinación irracional en ella. Su casa daba al Retiro, lo que la permitía darse unos pequeños paseos de cuando en cuando.

Esa mañana, la niebla invitaba a pasear, y el haber elegido olvidarse del amor la liberaba en cierta manera, la hacía sentirse más liviana, más eterea.

Paseó por la ribera del lago, dónde normalmente  posan sus puestos los quiromantes y adivinadores, pero esa mañana la niebla y la escasez de gente había hecho que no más de dos hubieran puesto las sillas y mesas plegables.

Kate siempre había desconfiado de los adivinadores, no podía entender como un hombre con cara de despistado pudiera ser capaz de saber más de su propio futuro que ella misma. Ella prefería pensar que ella misma elegía su propio futuro basado en las decisiones que ella habia tomado.

Pero esa mañana, la misma mañana que habia decidido olvidar el amor, la misma mañana que la niebla la había invitado a pasear, esa misma mañana, uno de los dos adivinadores la llamó por su nombre, Kate.

Kate lo miró, asustada pero no mucho, cuando la sorpresa inicial se fue desvaneciendo se acercó al hombre y lo miró de cerca. Aquel hombre de una edad indefinida y una elegancia innata a pesar de su ropa barata, la sonreía con fraqueza y volvía a repetir su nombre…Kate, Kate…

El hombre la invitó a sentarse, ella como hipnotizada se dejó llevar por sus piernas hasta la silla. El hombre la enseñó la carta número seis del tarot, esa carta que llaman “los enamorados”, y de repente todos los recuerdos se agolparon en su cabeza, todos los años de amor, volvieron de repente, los buenos momentos, las caricias en el parque, el primer beso, las tardes de domingo, compartir un helado de cucurucho a medias, la excitación de la primera vez, los nervios, las cosquillas…

Su cabeza empezó a flotar, se sintió mareada, incapaz de dar  un paso, pero aún así se levantó de la silla y corrió a su casa. Sus piernas se tambalearon y no pudo seguir, se cayó en mitad del paseo. Un patinador, la recogió del suelo.

El patinador se llamaba Javier, y era de la misma edad que Kate. La levantó y la invitó a un brunch, charlaron durante muchas horas, y después continuaron hablando durante mucho tiempo más, se murió el día y siguieron charlando, ese día en el que Kate había decidido olvidar el amor, el amor la volvió a encontrar.

El equilibrista y los bigotes del gato…

El equilibrista y los bigotes del gato…


“La pérdida de los bigotes, afectará a un gato en su equilibrio, su apreciación de distancias, y la percepción de la proximidad de las cosas, impidiéndole de esta manera sortear lugares estrechos, que antes pasaba sin ningún problema” (Littleanimals.com)…

El hombre comenzó a escribir y mientras lo hacia, lentamente empezó a llorar, cada lágrima la iba transformando en las palabras más bellas y a la vez más tristes que nadie pudo leer jamás.

El gato comenzó a maullar y de sus maullidos salió la serenata mas dulce y triste que nadie oyó nunca.

El hombre miró al gato y con una sonrisa triste le indicó la puerta de la calle, el gato no hizo ningún gesto, comenzó a lamerse, primero despacio, luego con fruición intentando quitarse de encima el olor a fracaso que envolvía el ambiente. El gato saltó a lo alto de la cómoda y desde esa atalaya comtempló al hombre…o a lo que quedaba de él…

Mientras tanto él escribía con desesperación llenando cuartillas…llenas de recuerdos de amor, de sentimientos olvidados… escribia frases que se susurran al oido….y suenan como caricias…caricias que duelen..y él ya sabía que nunca más podría amar..cuando terminó de escribir se sentó, lleno su vaso del mejor vino que se podía permitir, bebió lentamente y cerró los ojos…pero no de esa forma en que los cierras para evocar un pensamiento o un sueño, los cerró a manera perpetua…

Cuando llegué a la mañana siguiente….su mano agarraba la última cuartilla escrita…la leí lentamente…

Esta historia continua en http://sonando.blog.com y se títula las lágrimas huelen a limón amargo y sal