17 Nov
Kenzo Tomochu Uncategorized

Jans se levantó la mañana del primer domingo de diciembre, esperando que su mujer no hubiera olvidado comprar las velas, desde pequeño para él era importante cumplir con las tradiciones. Recordaba como cuando cumplió siete años su madre le contó la tradición danesa, cada domingo de diciembre, las velas del adviento lucen en las ventanas de las casas danesas y cada miembro de la familia recibe un pequeño presente del resto.
Anne seguía durmiendo y prefirió no despertarla, fuera el viento golpeaba la ventana y la nieve empezaba a acumularse en las aceras. En realidad era un buen día para quedarse en casa y tomar un poco de vino dulce de pasas caliente y galletas. Jans se preparó el desayuno, un café con galletas y un poco de zumo, y se dispuso a leer el periódico. Se asomó a la ventana otra vez, la tormenta arreciaba y la mortecina luz de la farola daba un aspecto lúgubre a la calle, fuera una mujer peleaba con el paraguas, Jans tocó el radiador para reconfortarse del calor del interior.
Le extrañaba que Anne no hubiera dejado las velas preparadas, como siempre había hecho en las siete navidades que llevaban casados. Ella como él le habían dado mucha importancia a las tradiciones. Pensó que sería bonito que cuando Anne se despertara encontrara las velas en la ventana, la vela de los 24 días ya encendida y el primer regalo en la mesa. Pensó que seguramente habia dejado las velas en el bolso. Ayer Anne llegó muy tarde y cansada, sin ganas de hablar y triste.
El bolso estaba en la entrada, lo abrió con cuidado y rebuscó en el interior, siempre le sorprendía lo que podía encontrar en el bolso de una mujer. Pero lo que encontró le sorprendió más allá de lo imaginable, dos billetes de avión para volar a España esa misma tarde, uno a nombre de Anne y el otro a nombre de Lars Podven.
Lars, era el compañero de Anne en la clínica, llevaban toda la vida trabajando juntos y por lo que parecía a partir de ahora pretendían compartir algo más que las jornadas laborales. Jans rebuscó por los cajones y encontró un par de velas que tenían en casa por si un día había un apagón. Terminó el café se dió una ducha, se vistió y salió a la calle abrigado con un viejo chaquetón marinero, camino de ninguna parte.
Una hora más tarde cuando Anne se despertó, se encontró el desayuno preparado, dos velas en la ventana y los dos billetes con un lazo y encima el anillo de casado de Jans y una nota con solo dos palabras “Tu libertad”. Miró por la ventana, esperando encontrarlo, pero solo descubrió unas huellas en la nieve fresca.
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