
Lo que sentí por ti, nunca fue un amor real, sino una pasión loca. Sin embargo volvería a pasar por esta locura otra vez, volvería a tus brazos, pasearía agarrado a tu cintura mientras el aire frío del invierno cortara mi cara, alrededor del lago que hay cerca de tu casa. Mentiría si dijera que he olvidado tus besos, tus caricias y tus palabras de amor.
Ahora estoy sentado en mi casa, en una tarde de domingo, intentando recordarte, mejor dicho intentando olvidarte de una vez por todas, después de casi once meses.
Hace once meses que no te he vuelto a ver, y más de siete meses que no oigo tu voz, más de dos meses que no sé nada de ti.
Tengo derecho a recordar los tiempos felices, tengo derecho a pensar en ti, a soñar con aquellos días, tengo derecho a engañarme y pensar que nunca fue un amor real.
Sí, porque tengo derecho a engañarme a mi mismo, tengo derecho a sentirme solo en una tarde de domingo, tan parecida a la última tarde de domingo que pasé a tu lado, la última vez que te vi, tu cara se paraba en la ventana, como si fuera un retrato de la soledad que iba a sentir, el taxi avanzó rápido hacia el aeropuerto, y un poco después mientras el avión se elevaba sobre los molinos gigantes anclados en el mar, y la noche se comenzaba a despertar sobre Copenhagen, yo susurré mi frase amuleto- Volveré, esta no será la última vez- pero mi corazón, mi cabeza y mi estomago me dijeron que no sería asi.
Ahora sentado aqui a más de tres mil kilómetros y once meses de distancia, puedo pensar que nunca fue un amor real, pero si es así ¿por qué me duelen tanto las tardes de domingo?