10 Nov
Posted by: Kenzo Tomochu in: Uncategorized

Las calles bajan al mar, desde la montaña, las luces indican el camino a casa, la vida es un cabaret sin fin.Y tú me has mirado y me has dicho que las mujeres decentes nunca dan el primer paso. El mundo está lleno de mujeres decentes y hombre incomprendidos entonces, te he respondido. Me has guiñado el ojo y lanzando al aire un beso, te has esfumado dentro de un taxi.
La bombilla de la farola donde me he apoyado, parpadea, lanzando sus últimos estertores de vida y consulto el reloj, es pronto, todavía, hoy no amanecera más pronto porque Cenicienta ya se haya marchado a casa y paradójicamente ya es demasiado tarde para cambiar mi manera de pensar.
Notó en mi estomago la desilusión y el amagor de la derrota, de la incomprensión, pero prefiero engañarme y pensar que es hambre, me engaño a mi mismo pensando que si lleno mi estomago esa sensación desaparecerá. Pero para esto sí es tarde, a estas horas no habrá un bar abierto que de algo de comer, además estoy en una ciudad extraña, y no conozco un sitio. Un camión de basura para a mi lado y dos hombres saltan agilmente de la parte trasera, me acerco a ellos y les pregunto si conocen algún sitio que a estas horas dé algo de comer. El más joven sonrie y me explica que al lado de la estación hay una furgoneta-churreria que no cierra en toda la noche, y Juanjo el dueño prepara en una plancha infame los bocadillos más grasientos de todo Barcelona. El mayor asiente y me invita a subir, nosotros vamos para allá a descansar un rato y comer algo, si quiere ir.
Subo sin pensarlo en la cabina del camión, donde un tercer hombre se sonrie con calor, el trayecto es corto, pero el hombre no para de hablar, de todo, yo me limito a asentir, no voy a discutir sobre nada, si no he sido capaz de discutir contigo princesa, como voy a discutir de política.
Bajo de un salto y el grupo que esta alrededor de la furgoneta me mira extrañado, el conductor abre paso, y de un grito le comenta a Juanjo- mira lo que hemos pescado, un caballero sin espada- todos rien la gracia y yo bajo los ojos dispuesto a dejarle que se rian de mi, en el fondo soy como un pez fuera del agua. El más joven me acerca una cerveza, y al cogerla mis ojos se fijan en ella. Ella tiene una edad indefinida entre los treinta y los cuarenta. Ella va vestida con demasiada poca ropa, demasiado obvio, incluso para un caballero-pez sin espada. Ella es extrañamente atractiva, pero solo presta atención a su bocadillo que devora con frucción como si hiciera más un mes que no prueba un bocado.
Se acerca a mi y sin levantar la vista del bocadillo, me indica una luz en una ventana y una cifra. Mis tres compañeros, me miran expectantes, testigos de la escena. De repente me veo obligado a no fallarles, a hacer lo que esperan de un pescadito con chaqueta, y asiento. Se abraza a mi y me empuja hacia el portal, mientras escucho las risas, mientras me alejo, recordando que mi bocadillo se queda sin estrenar en la barra de ese improvisado bar.
Saca de su bolsillo un manojo de llaves y abre la puerta del portal y comenzamos a subir por una escalera destartalada hasta un segundo piso. Cuando abre la puerta de su casa, me hace un gesto de silencio con el dedo, no me despiertes al niño. Cuando ha dicho eso, la he vuelto a mirar a la luz de la bombilla del recibidor, y su cara me parece muy hermosa. Pero me siento fatal, y mis piernas quieren bajar rápido por la escalera, pero sus manos están tocándome, acariciandome, y empujandome por un oscuro pasillo. Cuando llego a su habitación una cama vieja nos da la bienvenida, la cama se debe sentir muy sola porque solo una silla y un poster le hacen compañía, es un poster enmarcado de un concierto de Serrat, y veo que está dedicado - A Marta con amor, de tu Joan Manuel. Ella me mira picara y me dice al oido, la dedicatoria la he escrito yo, pero estoy segura que si me hubiera conocido la hubiera escrito él mismo.
Un mareo frio, me hace casi desmayarme, el sudor recorre mi cabeza y le pido tumbarme. la vueltas en mi cabeza, me quito, casi me arranco la chaqueta y ella comienza a preocuparse y preguntarme si he tomado algo, mientras me empuja hacia fuera de su casa. De repente un rayo de compasión cruza sus ojos y me dice, venga tumbate.
Vuelve de la cocina con una vaso de agua, y se tumba a mi lado, con la cabeza en mi hombro, mientras me aprieta fuerte la mano, si ahora alguien contemplara la escena desde fuera pensaría que somos una pareja real. Me siento extrañamente a gusto, mientras ella continua acariciandome, pero ahora las caricias no son profesionales. tampoco de amor, son de cariño lastimado, como si estuviera acariciando a un cachorro abandonado. Se quita la ropa y se pone una camiseta vieja, si quieres puedes dormir hoy aqui, creo que mi noche se ha acabado. La cama es vieja, pequeña e incomoda, pero sé que esta noche me sentiré mas en casa que si vuelvo a mi cama de hotel.
Mientras se acurruca a mi lado, las primeras ensoñaciones me llevan al principio de la noche cuando la princesa y yo hemos ido al teatro a ver Cabaret, y ahora estoy aqui en la cama de la autentica Sally Bowles de la estación de Sants, ya no me queda duda, la vida es como un puto cabaret.
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