14 Oct
Posted by: Kenzo Tomochu in: Uncategorized
Que no duerma nadie, ni siquiera tú, princesa. Los acordes del aria nessun dorma suenan esta noche en mi radio, mientras conduzco hasta ti. Al recordar la letra te comparo con la princesa Turandot, tan fría, tan distante, hace más de un año que no nos tocamos, ni con las manos y con las palabras, pero a pesar de eso estoy respondiendo a tu llamada, sólo porque me has llamado, sólo porque me has pedido que vaya.
El ritmo de la lluvia se acompasa con el tenor, y de repente me encuentro cantando como el principe desconocido, como si yo fuera tu principe y fuera a morir mañana, si dijeras mi nombre, o si por lo menos me miraras, la carretera desaparece entre la cortina de lluvia y la oscuridad.
Recibir de tu boca un beso, volver a tocarte, volver a sentir tus caricias, oir de tus labios la palabra amor, romper tu velo de frio, princesa helada…
Nessun dorma, nessun dorma tu pure o Princepessa, ojalá no puedas dormir pensando en encontrarme, que las estrellas iluminen tu cama, que tu ventana este abierta, que se cuele con la brisa de otoño esta canción, que se derrita el hielo que aprisiona tu corazón, que se queme en la pasión que deberiamos, que debemos vivir…
La carretera oscura me acompaña y las luces de la ciudad que veo a lo lejos me enseñan el camino y veo que nadie duerme, imagino también tu luz encendida, ya queda menos para el amanecer, y para abrazarte, solo tienes que decir de tu boca, dos palabras “te quiero”.
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