09 Oct
Posted by: Kenzo Tomochu in: Uncategorized
El día que decidí casarme mi abuela me dió una cuchara para sopa japonesa envuelta en un paño rojo de fieltro,y acompaño el regalo con unas palabras que me causaron un gran impacto al escucharlas, ”la cuchara que ahora te doy es la prueba de la única infidelidad de tu abuelo, mi marido”.
No fui capaz de preguntarle en ese momento a mi abuela, y ella tampoco dió muestras de querer compartir conmigo la historia, después las emociones y los acontecimientos de esas fechas me hicieron olvidar la conversación con mi abuela y la cuchara.
La cuchara, cayó en un cajón y fué pasando de casa en casa, con el resto de mis cosas en las sucesivas mudanzas que he hecho a lo largo de mi vida, hasta que la semana pasada volvió a aparecer en el segundo cajón de la alacena del salón.
La verdad es que nunca la eché de menos, pero al volver a aparecer en mi vida, recordé al instante las palabras de mi abuela, dichas en aquella tarde hace más de diez años. Mi abuela falleció hace cuatro años, y mi abuelo no llegó a compartir conmigo mi edad adulta, con lo que adivinar lo que había pasado era una misión complicada, pero la curiosidad de conocer porqué había sido mi abuelo infiel, y cómo había sido reconcomía cada parte de mi ser.
La cuchara a simple vista no presentaba nada más que una inscripción borrosa en el dorso, escrita en tinta y con carácteres japoneses:
逢ひ見ての
後の心に
くらぶれば
むかしは物を
思はざりけり
Me metí en la cuchara en el bolsillo y fuí a cenar al Ken, esperando que la camarera pudiera traducirme lo que allí había escrito.
Ya llegando a los postres me atreví a preguntarle, mostrándole la cuchara, después de mirarme con cara sonriente, me dijo “Hacía mucho tiempo que no veía una cuchara como esta, al menos tiene más de treinta o cuarenta años” después de unos segundo y una corta conversación con su marido, donde parecía que le preguntaba como traducir una palabra, me tradujo el texto “Ahora he encontrado el amor, cuando comparo lo que siento ahora con mis sentimientos del pasado, siento como si nunca antes de ahora hubiera amado”, el señor Tomura el dueño asintió como satisfecho de la traducción de su mujer y añadió, “Querido amigo, quien escribió este texto conoce la técnica del waka, y lo escrito es un viejo texto japonés, lamento no poderle decir más, espero que le hayamos sido de ayuda”.
Era incapaz de imaginar a mi abuelo siendo infiel. Pensé que a lo mejor mi madre podría ayudarme y aunque no me apetecía compartir estas confidencias con mi madre a la mañana siguiente fuí a visitarla, con la cuchara otra vez en los bolsillos, después de un rato de charla, se la enseñe, y su cara de asombro fue un preambulo de lo que pasó a continuación…
“¿Cómo tienes tú esa cuchara?, es la cuchara del abuelo, la cuchara que trajo la última vez que volvió de Londres”, le dije que me la había dado la abuela, pero obvie añadirle el comentario que acompañó la entrega.
Recordé charlando con mi madre, que cuando yo era pequeño, casí un niño, me abuelo me sentaba en las rodillas, y me contaba historias de su negocio de exportación de vinos y especias, que había establecido en Londres con el Señor Ito, un japonés que había conocido en el Madrid de la postguerra.
Dos días más tarde, aprovechando el fin de semana, y que hacía mucho tiempo que no visitaba Londres decidí seguir la pista de la cuchara a través de la familia del Sr. Ito. Sólo una vez vi al Sr. Ito, y sólo una vez me dirigió la palabra, pero la sonrisa que la acompañó me hizo sentirme cercano a él, siendo yo como era un niño de diez años.
Mi madre guardaba el teléfono y la dirección de la hija mayor del Sr. Ito, con lo que no sería dificil contactar con la familia, que todavía tenía muy buenos lazos con nuestra familia. El Sr. Ito había muerto hacía más de quince años, dos o tres años después de la muerte de mi abuelo, y entonces el negocio de ambas familias había recaído sobre la hija mayor, Katsumi Ito, que tenía más o menos la edad de mi madre. Mi madre llamó a Katsumi y fijó una cita para el día siguiente en un pequeño restaurante japonés en Mayfair.
Cuando la ví supe inmediatamente que era ella,aunque hacía más de veinte años que no la veía, una mujer delgada con unos ojos penetrantes con algo más de sesenta años, me indicó con un gesto que me sentara en la mesa, después de una conversación protocolaria sobre ambas familias, me decidí a enseñarle la cuchara, al verla sonrío con tristeza y me miró con cariño.
“Finalmente, las historias del pasado siempre regresan, ya que quieres saber, el texto de esta cuchara fue escrito por mi, siempre estuve enamorado de tu abuelo y él nunca demostró nada por mi, salvo en la última visita que hizo a Londres” la Sra Ito paró un momento, mientras una lágrima asomaba por su rostro.
“La última noche, después de cenar con mi padre y tu abuelo, mi padre se retiró cansado, y yo me ofrecí a acompañar a tu abuelo a su hotel. Al despedirnos del dueño, el señor Watanabe el dueño del restaurante regaló a tu abuelo un juego de palillos y una cuchara. Paseamos mucho por la ribera del río, y entramos en un pequeño jardín, nos sentamos en un banco. Entonces le besé, y durante un rato el tiempo se detuvó para nosotros, después tu abuelo me acarició la mejilla y me contó que estaba todavía enamorado de tu abuela, y que aunque sentía algo por mi, la historia acabaría así, con un beso pasional. Cogí la cuchara que tu padre llevaba, y escribí lo que ahora ya conoces, mientras se lo susurraba al oído. Tu abuelo me regaló a cambio este llavero, y me contó que desde que tú se lo habías regalado nunca se había separado, me contó como en una excursión del colegio, gastaste el dinero del almuerzo en comprarle este llavero, y que me entregaba su objeto más preciado”, al verlo recordé como cuando tenía ocho años se lo había comprado y como al volver de Londres me contó que lo había perdido.
Al llegar a Madrid, me sentí bien, con mi llavero en el bolsillo, y pensando que la cuchara para sopa japonesa volvía a estar donde pertenecía.
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