El Retorno de los espumosos…

Los espumosos regresan…con menos sex y más city que nunca

Archive for October, 2007

Saltarte las normas

Te has despertado a las 12, sin ganas de responder el teléfono que no ha dejado de sonar durante toda la mañana. Te miras al espejo y descubres tu cara, arrepiéndote de haber trasnochado, de abusar del alcohol, de dormir pocas horas, y de haber fumado después de prometer dejarlo. Ahora mientras el café comienza a calentarse y dos rebanadas de pan se preparan en en la tostadora, decides comprobar tu contestador.

“Tiene tres mensajes nuevos y tres llamadas que no ha dejado mensaje” responde la metálica voz de la señorita que habita en tu contestador. El primer mensaje es una llamada de la oficina, preguntando si estás enfermo y recordardo la cita con el Sr. Gutierrez. El segundo mensaje es de tu ex-mujer recordando que estás a día diez y el banco le ha informado que no ha llegado la pensión. Y el tercer mensaje recita las bondades de un crédito puente contra una tarjeta de crédito que no recuerdas tener.

Las tres llamadas proceden del mismo número, 607 72 20 01, no recuerdas el número y compruebas que no está en tu agenda. Piensas que si fuera algo urgente hubiera dejado mensaje quien fuera. El café y las tostadas te hacen recobrar un poco el ánimo y  la resaca empieza a desaparecer. Llamas a la oficina e inventas una enfermedad que te hace mantenerte en casa al menos hasta mañana, luego llamas tu mismo al Sr. Gutierrez y pospones la cita hasta la semana que viene. Llamas a tu banco e intentas convencer al director de la sucursal que adelante la trasferencia de tu ex. Recoges la cocina y aireas la ropa de ayer, que apesta a juerga y noche.

El teléfono vuelve a sonar, y el número misterioso vuelve a aparecer en la pantalla de tu móvil, lo dejas sonar esperando que deje un mensaje. al minuto un pítido te informa que un hay nuevo mensaje en tu buzón.

Marcas el 123, y esperas, una voz preciosa de mujer comienza a hablar “Hola, esta es la cuarta y última vez que te llamo, es una pena que hayas decidido no contestar, esta mañana he decidido saltarme las normas y no ir a trabajar, estoy desnuda en la cama y esperando que cumplieras tu promesa de ayer.  Bueno tu te lo pierdes, creo que dormiré un rato y luego me iré a comer. Bye guapo”.

Mientras recuerdas como la noche anterior conociste a una preciosa mujer y como hablasteis e intercambiasteis los teléfonos, marcas rapidamente la tecla de rellamada, pero el mensaje que oyes es “El teléfono está apagado o fuera de cobertura”, te marchas hacia la ducha mientras decides que volveras intentar llamarla esta tarde.

Sueñas con los recuerdos de ayer

Sueñas con los recuerdos de ayer,
mientras las lágrimas te empapan la camisa,
la camisa que acabas de planchar
y sueñas con volver a abrazarla,
con dormir a su lado,
con vivir a su lado,
Sueñas con los recuerdos de ayer,
mientras las lágrimas te empapan la carta
la carta que acabas de escribir
y sueñas con que ella la lea,
con quemar su boca a besos,
sueñas con un pasado imperfecto
que nunca se volvera a repetir,
ella ya no se acuerda de ti, y mientras tanto tú
quemas las camisas y escribes cartas,
cartas que ella no leerá,
mientras tu sueñas con los recuerdos de ayer,
ella construye su futuro perfecto lejos de tu lado.

Sin cambios en el horizonte…

Es curioso como puede cambiar tu vida en un segundo, el tiempo que tardas en tomar una decisión, el tiempo que tardas en arrepentirte de haberla tomado. Esperando que el mundo decida por mi, que las decisiones las tome otro, he pasado mi vida. Hoy he decidido por mi, he decidido por ti, y mientras avanzo rápido hacia mi nuevo destino, no puedo evitar que el vértigo se me agarre al estomago, y el miedo pueble mi cabeza, hoy las decisiciones que se toman no admiten vuelta atrás. Al llegar corriendo a la puerta de tu casa, intento recuperar la respiración antes de llamar a tu portero automático.

Corazón vistete, como dice la canción de Nacha Pop, te sigo esperando, en el portal de tu casa, mientras cuento nervioso por quinta vez, el número de cigarrillos que queda en mi paquete de Fortuna, doce, son los últimos doce que fumaré en mi vida. Si sumo los que he fumado en mi toda mi vida, la cifra asciende a 48.314 cigarrillos desde que comencé a fumar hace veinticinco años, y descontando los tres años que dejé de fumar porque a Paloma no le gustaba el olor a tabaco en casa. Me divorcié de ella después de estos tres años, por suerte para Tabacalera, creo que hace años que ya no se llama así, pero yo soy un tipo clásico que sigue llamando Airtel a mi compañía de móvil y el Vizcaya a la sucursal de mi banco.

Hoy he escapado de mi trabajo, como un niño escapa del colegio para ir a jugar al futbolín, pero a diferencia de ese niño, no pienso volver. Hoy he arrojado mi brillante futuro de abogado, y futuro socio de la firma, por la ventana, haciéndote caso, descubriendo que no en este trabajo no tengo tiempo para los dos, no tengo tiempo para ti.

Hoy he plantando todos los convencionalismos y todas obligaciones,éstas que han ido creando la telaraña, que me ha ido aprovisionando, quitándome la respiración y la vida.

Y he venido corriendo, sin tiempo para contartelo y pedirte que me acompañes, que te lances a esta locura sana que me ataca, soy libre, somos libres. Mientras te espero sueño con las 2.560 veces que te me has dicho que me quieres, los 30.203 besos que me has dado y las 2.760 veces que hemos hecho el amor. Hace más de 3300 segundos que tomé la decisión de marcharme, el corazón me late a 115 pulsaciones, y he mirado hacia tu ventana, no menos de 143 veces en los 10 minutos que llevo esperándote y estoy un poco nervioso, porque es curioso como puede cambiar tu vida en un segundo, en lo que tardas en tomar una decisión, o en arrepentirte de ella.

Mientras me alejo miro por última vez tu portal, y pienso que hace más de 120 días que te odio, que hace más de 56 hasta luego telefónicos que sé que algo no funciona, y hace más de 4 emails que creo que me he enamorado de otra, y a lo mejor esta nueva mujer, ni me pide que deje de fumar, ni me obligue a dejar mi trabajo de futuro socio de la firma.

Ya no quedan vidas de cuento…


Hoy he visto que Peter Pan ha puesto su barco a la venta en eBay, la bella durmiente se ha despertado de su sueño eterno para seguir su telenovela preferida. La nariz de pinocho se ha declarado en huelga por trabajar tantas horas extras, su dueño no recuerda como se cuenta una verdad. Y tú me declaras con tu sonrisa eterna que el nuestro es un amor de cuento de hadas, que ilusión.

Ya no quedan vidas de cuento, amor. Ayer el hada madrina estaba intentando encontrar mesa en un Vips, el lobo feroz ahora es vegano convencido, y yo estoy parado en la cola del autobus, detrás de una caperucita que va a bailar tecno, mientras su abuela olvida su memoria y sus recuerdos en un asilo de la comunidad. Pero tú me besas y me dices que la pasión que sientes te hace flotar.

Una princesa con gafas de Prada pasea de la mano de un sapo sudoroso, al que le da asco besar, pero que le da dinero para comprar el ultimo abrigo de Max Mara. Mi vida, no nos queda más remedio que buscar nuestro amor entre hechos cotidianos y muebles de diseño sueco. Compartir un refresco en un envase reciclable, mirar hacia el horizonte, sentarnos en un escalón de tu escalera y esperar, mientras te acaricio a nuestro lado se sienta la pequeña cerillera, que ha cambiado su caja de cerillas por un mechero con el que calienta un poco de costo. ¿Te convences corazón?

Dejame que te cuente una historia, un cuento triste, de amores perdidos, dejame que rebaje tu optimismo, dejame que te bese a ojos abiertos. El principe valiente, perdió su coraje, ya no se atreve a pelear por lo que quiere, y se arrastra Gran Via abajo mientras se ajusta las tetas postizas,  buscando un cliente que le dé el suficiente dinero para comer caliente. Dejame que traiga a un mundo amargo, donde los personajes de cuentos, son como tú y yo. Anoche la policia detuvo a Aladino y a su banda de rumanos, después de realizar su noveno atraco en los chalets de la sierra, en lo que va de mes y Simbad el marino, se ahogó en verano al naufragar su patera casi al lado de Tarifa, un chico con rastas encontró su turbante en la playa.

¿Lloras lille princesse? ¿Sabes cuando dejé de creer en los cuentos de hadas? sí, el día que supe que me engañabas con un gato con botas, y tenía que ser un gato, porque sino no me explico los arañazos en tu espalda. Y tú me dices que nuestro amor es un cuento de hadas, ¡dejalo por favor en que es cuento!
 

Insomnia

Soy incapaz de dormir, miro el reloj y son las cuatro de la tarde, pero mi cuerpo me recuerda que él piensa que son seis horas más, hoy he comido a la hora de cenar y desayuné a la hora de la comida. No sé ahora mismo sí salir a cenar o ponerme a dormir.

Fuera, la neblina húmeda y la ausencia de sol me confunde todavía más, por la calle paseo arriba y abajo por Yonge Street buscando encontrar un resquicio entre los rascacielos que me permita encontrar el sol, necesito ver el sol, para saber si él está tan despistado como yo. Estuve parado durante un rato mirando a la gente, buscando entre la gente, descubriendo si entre esta gente hay alguien como yo. Una mujer se para y me mira, pero rapidamente esquiva la mirada, y entra en un Starbucks, y sale con un vaso de café expreso doble, que me ofrece mientras sigue su camino, hacia ninguna parte.

Anoche el insomnio y el jet lag me hicieron despertarme a las cuatro de la mañana, incapaz de dormir bajé al gimnasio donde insomnes como yo, se movian mecánicamente en las cintas, en las bicicletas, en las máquinas. Si estuvieras aqui me daría igual no dormir, sé que abrazado a tu cuerpo podría descansar, podría confundirme con tu cuerpo y olvidar el cansancio en una cama extraña, en un mundo extraño, rodeado de gente extraña.

Nessun dorma…

Que no duerma nadie, ni siquiera tú, princesa. Los acordes del aria nessun dorma suenan esta noche en mi radio, mientras conduzco hasta ti. Al recordar la letra  te comparo con la princesa Turandot, tan fría, tan distante, hace más de un año que no nos tocamos, ni con las manos y con las palabras, pero a pesar de eso estoy respondiendo a tu llamada, sólo porque me has llamado, sólo porque me has pedido que vaya.

El ritmo de la lluvia se acompasa con el tenor, y de repente me encuentro cantando como el principe desconocido, como si yo fuera tu principe y fuera a morir mañana, si dijeras mi nombre, o si por lo menos me miraras, la carretera desaparece entre la cortina de lluvia y la oscuridad. 

Recibir de tu boca un beso, volver a tocarte, volver a sentir tus caricias, oir de tus labios la palabra amor, romper tu velo de frio, princesa helada…

Nessun dorma, nessun dorma tu pure o Princepessa, ojalá no puedas dormir pensando en encontrarme, que las estrellas iluminen tu cama, que tu ventana este abierta, que se cuele con la brisa de otoño esta canción, que se derrita el hielo que aprisiona tu corazón, que se queme en la pasión que deberiamos, que debemos vivir…

La carretera oscura me acompaña y las luces de la ciudad que veo a lo lejos me enseñan el camino y veo que nadie duerme, imagino también tu luz encendida, ya queda menos para el amanecer, y para abrazarte, solo tienes que decir de tu boca, dos palabras “te quiero”.

 

cuchara para sopa japonesa

El día que decidí casarme mi abuela me dió una cuchara para sopa japonesa envuelta en un paño rojo de fieltro,y acompaño el regalo con unas palabras que me causaron un gran impacto al escucharlas, ”la cuchara que ahora te doy es la prueba de la única infidelidad de tu abuelo, mi marido”.

No fui capaz de preguntarle en ese momento a mi abuela, y ella tampoco dió muestras de querer compartir conmigo la historia, después las emociones y los acontecimientos de esas fechas me hicieron olvidar la conversación con mi abuela y la cuchara.

La cuchara, cayó en un cajón y fué pasando de casa en casa, con el resto de mis cosas en las sucesivas mudanzas que he hecho a lo largo de mi vida, hasta que la semana pasada volvió a aparecer en el segundo cajón de la alacena del salón.

La verdad es que nunca la eché de menos, pero al volver a aparecer en mi vida, recordé al instante las palabras de mi abuela, dichas en aquella tarde hace más de diez años. Mi abuela falleció hace cuatro años, y mi abuelo no llegó a compartir conmigo mi edad adulta, con lo que adivinar lo que había pasado era una misión complicada, pero la curiosidad de conocer porqué había sido mi abuelo infiel, y cómo había sido reconcomía cada parte de mi ser.

La cuchara a simple vista no presentaba nada más que una inscripción borrosa en el dorso, escrita en tinta y con carácteres japoneses:

逢ひ見ての
後の心に
くらぶれば

むかしは物を
思はざりけり

Me metí en la cuchara en el bolsillo y fuí a cenar al Ken, esperando que la camarera pudiera traducirme lo que allí había escrito.

Ya llegando a los postres me atreví a preguntarle, mostrándole la cuchara, después de mirarme con cara sonriente, me dijo “Hacía mucho tiempo que no veía una cuchara como esta, al menos tiene más de treinta o cuarenta años” después de unos segundo y una corta conversación con su marido, donde parecía que le preguntaba como traducir una palabra, me tradujo el texto “Ahora he encontrado el amor, cuando comparo lo que siento ahora con mis sentimientos del pasado, siento como si nunca antes de ahora hubiera amado”, el señor Tomura el dueño asintió como satisfecho de la traducción de su mujer y añadió, “Querido amigo, quien escribió este texto conoce la técnica del waka, y  lo escrito es un viejo texto japonés, lamento no poderle decir más, espero que le hayamos sido de ayuda”.

Era incapaz de imaginar a mi abuelo siendo infiel. Pensé que a lo mejor mi madre podría ayudarme y aunque no me apetecía compartir estas confidencias con mi madre a la mañana siguiente fuí a visitarla, con la cuchara otra vez en los bolsillos, después de un rato de charla, se la enseñe, y su cara de asombro fue un preambulo de lo que pasó a continuación…

“¿Cómo tienes tú esa cuchara?, es la cuchara del abuelo, la cuchara que trajo la última vez que volvió de Londres”, le dije que me la había dado la abuela, pero obvie añadirle el comentario que acompañó la entrega.

Recordé charlando con mi madre, que cuando yo era pequeño, casí un niño, me abuelo me sentaba en las rodillas, y me contaba historias de su negocio de exportación de vinos y especias, que había establecido en Londres con el Señor Ito, un japonés que había conocido en el Madrid de la postguerra.

Dos días más tarde, aprovechando el fin de semana, y que hacía mucho tiempo que no visitaba Londres decidí seguir la pista de la cuchara a través de la familia del Sr. Ito.  Sólo una vez vi al Sr. Ito, y sólo una vez me dirigió la palabra, pero la sonrisa que la acompañó me hizo sentirme cercano a él, siendo yo como era un niño de diez años.

Mi madre guardaba el teléfono y la dirección de la hija mayor del Sr. Ito, con lo que no sería dificil contactar con la familia, que todavía tenía muy buenos lazos con nuestra familia. El Sr. Ito había muerto hacía más de quince años, dos o tres años después de la muerte de mi abuelo, y entonces el negocio de ambas familias había recaído sobre la hija mayor, Katsumi Ito, que tenía más o menos la edad de mi madre. Mi madre llamó a Katsumi y fijó una cita para el día siguiente en un pequeño restaurante japonés en Mayfair.

Cuando la ví supe inmediatamente que era ella,aunque hacía más de veinte años que no la veía, una mujer delgada con unos ojos penetrantes con algo más de sesenta años, me indicó con un gesto que me sentara en la mesa, después de una conversación protocolaria sobre ambas familias, me decidí a enseñarle la cuchara, al verla sonrío con tristeza y me miró con cariño.

“Finalmente, las historias del pasado siempre regresan, ya que quieres saber, el texto de esta cuchara  fue escrito por mi, siempre estuve enamorado de tu abuelo y él nunca demostró nada por mi, salvo en la última visita que hizo a Londres” la Sra Ito paró un momento, mientras una lágrima asomaba por su rostro.

“La última noche, después de cenar con mi padre y tu abuelo, mi padre se retiró cansado, y yo me ofrecí a acompañar a tu abuelo a su hotel. Al despedirnos del dueño, el señor Watanabe el dueño del restaurante regaló a tu abuelo un juego de palillos y una cuchara. Paseamos mucho por la ribera del río, y entramos en un pequeño jardín, nos sentamos en un banco. Entonces le besé, y durante un rato el tiempo se detuvó para nosotros, después tu abuelo me acarició la mejilla y me contó que estaba todavía enamorado de tu abuela, y que aunque sentía algo por mi, la historia acabaría así, con un beso pasional. Cogí la cuchara que tu padre llevaba, y escribí lo que ahora ya conoces, mientras se lo susurraba al oído. Tu abuelo me regaló a cambio este llavero, y me contó que desde que tú se lo habías regalado nunca se había separado, me contó como en una excursión del colegio, gastaste el dinero del almuerzo en comprarle este llavero, y que me entregaba su objeto más preciado”, al verlo recordé como cuando tenía ocho años se lo había comprado y como al volver de Londres me contó que lo había perdido.

Al llegar a Madrid, me sentí bien, con mi llavero en el bolsillo, y pensando que la cuchara para sopa japonesa volvía a estar donde pertenecía.

Conocer un director de cine porno merece un beso…

Ella se despide con una reverencia, la calle mojada devuelve su imagen, él le lanza a lo lejos un beso, durante un segundo la escena se congela y ambos se quedan inmoviles, sin saber si alejarse o acercarse el uno al otro. Cuando ambos se separan siguiendo cada uno por su calle, un basurero subido en su camión le espeta al hombre, “Chico, la tienes en el bote”. El sonríe pensando lo equivocado que está.

Coge el coche y conduce bajo la lluvía, y recuerda la frase entre susurros de ella cuando ambos estaban sentados con un mojito en la mano, después de presentarle un amigo “Es director de cine porno, eso merece un post ¿no?”.

Sentado en su coche, cierra los ojos, y piensa que lo que de verdad se merecía era un beso.

Microenamoramientos…

 

Tus sonrisas se me pegan al alma pero tu amor no era suficiente para bastar ¿Cuánto me durará esta sensación? Deja a tu lado mi último aliento y mi primera flor.

Ayer leí estas frases manuscritas en un libro que me pertenece desde hace más tiempo que el que hace que te conozco, con lo que no las pude escribir pensando en ti.

Lo que más me jode es que no recuerdo para quién las escribí, ¿quizás la rubita de la última fila de la clase de cálculo, con la que estuve tonteando todo un semestre?¿La vecina, con la que siempre acababa en su cama, viendo amanecer?¿Mi novia de entonces, a la que ya entonces no aguantaba?

A estas alturas, tampoco me voy a martirizar más por esta indefinición, pero empiezo a estar harto, cosa sorprendente teniendo en cuenta mi natural paciente y pacífico, de tener la eterna sensación del desamor desafectivo. Lo que en una noche con alguna copa de más le definí a Marta como mi capacidad de autogenerarme “microenamoramientos” en vez de ser capaz de construir un entorno afectivo más profundo.

Microenamoramiento, dicese de la capacidad de enamorarte durante un minusculo instante de una pequeña acción o caracteristica de la persona. Enamorarse de un movimiento de pelo, de una sonrisa, de una caricia, de un comentario agudo, enamorarse de un beso, de unos ojos, de un sentimiento.

Pero como construir una vida en común a partir de un microenamoramiento, como contarte que me enamoré de tus manos y que el resto de tu cuerpo y alma apenas me interesa. Y digo esto aún a riesgo de parecer ridiculo, pero la pasión que me generan estos pequeños enamoramientos es superior a lo que veo en el resto de los mortales que se declaran enamorados de su pareja.

Mientras escribo estas líneas, recuerdo tu manera de mirar, y cuanta ternura tenian tus ojos mientras cierro los mios y pienso, no volverá a pasar, no encontraré otra mujer con esa mirada. Ahora vuelvo a leer otra vez la frase “Tus sonrisas se me pegan al alma…”, y recuerdo, no sé ponerle cara a esa sonrisa pero sería capaz de distinguirla entre un millón.