El Retorno de los espumosos…

Los espumosos regresan…con menos sex y más city que nunca

Archive for January, 2007

El ritmo del bandoneón…

“Manuel, hijo, el tango nace del deseo”, le repite todas las noches su madre como un reproche todas las noche cuando él bajaba al arrabal.

“El tango es la mejor manera de conocer a una mujer, tal y como baila, así hará el amor”, repetía el “cumparsita”. El “cumparsita” era su mejor amigo, no sabía muy bien lo que unía a ambos, pero desde que recordaba “el cumparsita” estaba presente en su vida. El nombre del “cumparsita” era Héctor, pero todo el mundo le llamaba así porque su abuelo pleiteó con el Dr. Martos por la autoría de la letra del célebre tango del mismo nombre. Héctor tenía una edad indefinida entre los 50 y los 60 y un montón de historias, y siempre era capaz de sacar una historia apropiada al momento.

Manuel, sin embargo no tenía historias, sólo se había enamorado una vez y si bajaba al Sefiní a bailar era para recordarla. Cuatro años habían pasado y todavía no era capaz de olvidarla. “¿Qué chaval otra vez pensando en la princesa rusa?” le inquirió el cumparsita. Manuel miró al horizonte como toda respuesta, mientras apuraba la botella que le acercaba Héctor.

La princesa rusa, apareció de repente, un día se presentó en el Sefiní, y se acercó a Manuel con un sencillo ruego “Necesito una pareja de tango, ¿quieres ser tú?

Julia, que así se llamaba y Manuel se convirtieron en la mejor pareja y incluso una noche a los tres meses de llegar Julia,  bajó a verles el célebre Astolfi, el más reputado bandoneista de todo Buenos Aires, y al verles bailar no pudo más que comentar “La reputa, que química”, mientras comenzaba tocar el bandoneón.

Esa noche Julia estaba más guapa que nunca y Manuel la llevaba como si fuera una ilusión, una figura eterea, un sueño…esa noche al terminar, Julia le pidió que la llevara a casa. Manuel apretó los puños con ganas, la deseaba desde que el primer momento, desde el primer cruce de miradas, bajarón más de cuatro cuadras y se encontraron fuera del barrio, ella llamó un taxi y le pidió ir al hotel Emperador.

Manuel no salía de su asombro cuando entraron en la habitación, y vió todos las pertenencias de Julia perfectamente alineadas y preparadas para salir en cualquier momento.

“¿Te marchas?” preguntó él con un hilo de voz, “Sí mañana, por la mañana sale mi avión hacía Madrid” “¿Y lo nuestro?”"Manuel, no hay nada, recuerda que yo te dije que solo necesitaba una pareja de baile”, él se sentó en la cama y hundío su cabeza entre las manos…ella comenzó a acariciarle el pelo, mientras le besaba, primero suave y despacio, luego como una hembra sedienta de amor, a los diez minutos estaban encamados, si alguien hubiera visto la escena, hubiera exclamado como el gran Astolfi “La reputa, y la recontraputa que química”.

 A la mañana siguiente Manuel, regresó al barrio, con la americana en el hombro, Julia estaba ya volando hacia su escala madrileña…se paró en el banco dónde ahora estaba sentado con Héctor y grabó una J…

Le devolvió la botella al cumparsita, mientras acariciaba la letra J, casí imperceptible, volvió a recordarla, a lo lejos comenzó a oir el ritmo de un bandoneón, cerró los ojos y en sus pensamientos se fundió en un baile eterno con ella…

 

Cielo despejado y sin previsión de lluvia…

Cuando regresamos de Mont Sant Michel, subí rápido hacia mi habitación…Jane ya no estaba y la habitación parecía el lugar más triste del mundo…

La visión de las grandes mareas había sido súblime, Pierre no me habló hasta que fumó el tercer cigarrillo…”No me gustas, lo sabes y no me apetece que siempre interpongas tu presencia entre mi mujer y yo…me gustaría que te fueras o que al menos nos dejaras un poco en paz”, le miré bajé las gafas de sol y le dije “Pierre, si crees que yo soy culpable, me retiraré, si quieres esta tarde mismo…”

El camino de vuelta fue rápido, las ruedas chirriaban por las curvas de la carretera que unía Mont Sant Michel y Jane…Pierre no volvió a dirigirme la palabra en el resto de viaje, y yo aproveche para dormitar en el asiento, mientras la música de Gershwin “Summertime”, sonaba en la radio del coche…”One of these mornings…”, la verdad que me sentía con ganas de abrir mis alas y tocar el cielo, como en la canción…

Cerré la puerta y abrí la ventana, la mañana estaba terminando y el sol iluminaba toda la plaza de Evreux, suponía que Jane abría ido a ayudar a su madre al Camomille, el restaurante familiar, me tumbé en la cama e intenté dormir, estaba realmente cansado…cansado por no haber dormido, cansado por ser un cabrón, cansado de no encontrar mi norte, cansado…estos pensamientos se entremezclaron con mis sueños…cuando me desperté el reloj marcaba las cuatro de la tarde…

Lentamente recogí mis cosas y las metí en la maleta, miré otra vez la habitación, cerré los ojos e intenté recordar algo de la noche anterior, pero fui incapaz…

Cogí la pequeña nota que todas las noches me dejaban encima de la almohada, con el parte meteorológico “Cielo despejado y sin previsión de lluvia..”, parecía que había acertado…le dí la vuelta y garabateé unas líneas a forma de despedida…

bajé las escaleras, no tan rápido como las había subido por la mañana, y volví a mirar la puerta de la habitación, un 506, pagué y salí a la calle…consulté los horarios del tren a Calais…en media hora salí el último del día, a las seis y media, miré el reloj…me acerqué al Camomille y dejé en la puerta la pequeña nota…esperé detrás del kiosko a que Jane se asomará y recogiera la nota, pero no quisé verla mientras la leía…corrí hacia la estación …

Mientras tren avanzaba hacia Calais, mis pensamientos estaban en volver a Londres, a mi refugio en Shepherd´s Lane…hacía más de tres años que no pisaba la casa rosa de Richmond, y casí cuatro que no veía a Kate…y más de catorce años que hicimos el amor en aquella noche después de un picnic en Wimbledon…parecía tan poco tiempo y a la vez una eternidad, se suponía que había crecido, pero me sentía el mismo niño indefenso que lloró cuando se marchó de la casa de Kate y que ahora lloraba por dejar a Jane…

Apoyé la frente contra el cristal de la ventanilla, intentando que el fresco de la tarde, calmara e intentará ordenar mis recuerdos, esos recuerdos que lentamente morían en este triste presente…

Mi nombre de Starbucks…

Todo empezó como una broma, aquella tarde no me apetecia que el barista de Starbucks fuera gritando mi nombre por lo que decidí inventar mi nueva identidad…cuando me preguntó por mi nombre después de haberle pedido mi chai tea latte con avellana, le dije “Lester” y me dirigí hasta la zona de entregas esperando mi vaso. El barista gritó “Lester, Chai grande!!” cuando estaba recogiendo mi encargo, ella se acercó y me dijó “¿Te llamas Lester? qué nombre tan curioso, ¿nos tomamos juntos nuestras bebidas? asi empezó todo…a los dos meses ya saliamos juntos, ella me seguía llamando Lester…para algún caso de intimidad se inventó el diminutivo cariñoso de “Ley”…

Esta situación me generó graves inconvenientes, en primer lugar cuando uno es de Cuenca como yo no suele llamarse Lester, con lo que tuve que reinventar mis origenes, busqué en el mapa algún sitio que para mi fuera fascinante, Australia era un buen lugar para nacer, así fue como nací como Lester en Sidney…un poco más complicado fue encontrar el apellido, después de mucho buscar me convertí en Lester Brewsar, australiano…

Nunca habia hablado un buen inglés, lo cual como australiano de pro suponía un handicap importante, esto me obligó a apuntarme a clases nocturnas, sobre todo porque los padres de Marga, que asi se llamaba, se empeñaban en hablar conmigo en inglés como signo snob, al segundo año de relación, esta doble vida se volvió insoportable para mi…tuve que renunciar a todos mis amigos, que me seguian conociendo como Arturo, empecé a frecuentar los pub irlandeses y conseguí con mucha insistencia que Paddy Sullivan, un dublinés de unos cuarenta y tantos me adoptara como su amigo…eso sí sorprendido del mal inglés que hablaban los australianos, yo comenzara a tener un acento de Oxford…

Tampoco mantuve mi trabajo, en el banco el Sr. Diaz se negó en redondo a pasarme el teléfono cada vez que Marga preguntaba por mi…empecé a trabajar en una agencia de publicidad, como Director Financiero, les hacia gracia que tuviera nombre artistico…pero conseguí ser conocido en el trabajo como Lester…lo que me facilitó un poco las cosas en el terreno laboral…

En el tercer año, todo se complicó un poco más, Marga se empeñó en casarse conmigo y para eso me pidió conocer a mis padres…ella se encargaría de sacar los billetes, yo sólo tenía que hablar con mis padres y pedirles que nos alojaran en su casa de campo a las afueras de Sidney…Marga estaba tan emocionada por conocer a Bruto, el canguro con el que habia crecido…estuve mirando las páginas de internet , por si existía alguna de padres de alquiler australianos, pero no…Finalmente con la ayuda de Paddy simulé la muerte de mis padres en un tsunami en la costa de Tailandia…Marga estuvo llorando un mes, yo creo que me lo tomé con más entereza, siempre habia estado un poco distanciado de mis padres…por las noches salía a la calle y desde la cabina llamaba a mis verdaderos padres, que todavia regentaban una libreria en Cuenca…todas las noches me preguntaba mi madre cuando iba a presentarle a esa novia que me habia echado…

Después de guardar un luto razonable por los Sr. Brewsar, Marga retomó la idea de casarnos, secundada por sus padres…en ese momento ser protestante, como casí todo el mundo en Australia tampoco parecía que fuera a salvarme…más de mil veces estuve a punto de decirla “¿Cariño, me querrías igual si me llamara Arturo?”, pero fui incapaz,…y ese es el motivo por el que me encuentro ahora delante de usted, para solicitar si es posible la nacionalidad australiana, ya que mi novia no espera más que presentemos los papeles de la boda…la funcionaria de la embajada me miró con una cara extraña…pero…

 

 

La mujer del columpio

Cuando la ví sentada en el columpio, en una de esas tardes del mes de septiembre, cuando empieza a notarse el frio y las noches aparecen antes…y mientras el sol se escondía por detrás del sauce del jardín, los últimos rayos iluminaban su pelo, ella estaba sentada en el columpio del jardín acariciando las tapas de un libro…

De repente lo entendí, ella no podía estar sola, ese era el patito feo que la atenazaba, al verla tan sola en el jardín me dí cuenta…siempre estaba rehuyendo el momento de volver a su casa, siempre acompañada, muy pocas veces sola…

Entré en casa, cogí una manta, unas galletas, manzanas y una botella de oporto, quizás la mejor botella de Michael, pero pensé que él entendería porqué la cogía, lo metí todo en la cesta..

 Volví a salir al jardín y la llamé, me miró con una sonrisa y antes de que pudiera decirme que no le pedí que me acompañara a Wimbledon Park, para escuchar a los cantantes que por la noche entonaban sus canciones de amor…me pidió un momento y al rato salió con un sueter, preparada para una noche fría al lado del lago.

Durante el camino apenas hablamos, nos mirabamos, pero no eramos capaces de mantener una conversación fluida, por mi parte porque los nervios de pasar un rato a solas con ella, fuera del entorno protegido que eran nuestros jardines, me hacia considerarlo una cita…nuestra primera cita.

Al llegar al lago, extendimos la manta al lado de un viejo roble, a lo lejos los ecos de una vieja balada, me dí cuenta que con las prisas habia olvidado los vasos, ella se rió y con voz fingidamente sería me dijo “Pero ¿dónde voy yo contigo?”, me ruborice e intenté mascullar una disculpa, pero antes de haberla terminado me besó en los labios, primero suave y luego con pasión, no sé cuanto tiempo pasó…pero cuando pude darme cuenta de lo que había pasado, la miré y le pregunté “¿Por qué ?” y ella ni pestañeó, se arqueó como una pantera, me miró profundamente y me dijo con voz queda “¿No era lo que estas buscando? Nunca te enamores de una mujer mayor, cuando tú ni siquieras has llegado, ella ya ha estado allí, y cariño te aseguro que soy demasiado mayor para ti”

“Hoy no voy a negarte nada, pero mañana cuando nos levantamos quiero que te marches de mi casa y no busques repetir nunca más esta noche, lo que pase hoy será la única vez que pase.¿Lo has comprendido?” me susurró al oido mientras me acariciaba el pelo. “¿Y sí la que quieres volver a repetir eres tú?” me revolví en un estúpido ademán infantil…ella me miró como una madre mira al niño que no comprende la verdad de la vida y me dijo lentamente “Sé lo que voy a encontrar y sé lo que puedo esperar, ya he pensado las opciones, en serio corazón, no creo que me enamore de ti, pero me apetece sentir tu cuerpo pegado al mio y me apetece esta noche acostarme contigo” y añadió “y no hara falta para eso que me hagas beber esa botella de Oporto, es mejor que la devuelvas a la bodega de Michael, ¿Hace frio volvemos a mi casa?”…

Nunca me acosté por dinero, nunca sentí esa necesidad, pero la transacción que me proponía Karen era lo más parecido que podía pensar…el camino de vuelta se hizo eterno y ni siquiera la emoción del placer anticipado me hacía sonreir, fuimos directamente a su habitación y ella me comenzó a besar, pero el beso fue tan diferente, tan metálico, tan impersonal, comencé a sentirme como si de verdad estuviera besando a la diosa nórdica convertida en estatua…no podía pensar en estar con ella sólo una noche, si ya estaba enamorado, una noche con ella podría dejarme derrotado para el resto de mis días.

Esa noche hicimos el amor durante toda la noche, esa noche aprendí a diferenciar entre el amor y el sexo, esa noche Karen me hizo madurar y por eso la diosa nórdica cayó de su pedestal y desde ese día Karen dejó de significar mucho para mí. Me levanté temprano antes de que ella se levantara y me marché, antes le dejé una carta extensa, le contaba todo lo que había pasado a su lado en ese verano tan largo en Shepherd Lane´s y sobre todo mis sentimientos. En mi imaginación la pensaba haber leído sentados en en aquella manta y que ella me besaba al final de la lectura.

Un mes más tarde abandoné Londres, me sentía fuerte para volver a mi vida, de vez en cuando vuelvo a Londres y visito a Michael y Paul, en estas visitas, todavía salgo al jardín y espero volver a tener 20 años, y encontrar otra vez a esa mujer sorprendente que vi en el jardín de al lado. Pero desde esa noche en Wimbledon Park, nunca más volví encontrar a la diosa nórdica de cabellos dorados, desde ese día sólo me encuentro con Karen, simplemente una mujer que cada día va encontrándose más y más sola.

 

Serendipia

La expresión serendipia:”descubrimiento afortunado realizado a partir de una serie de casualidades” viene del inglés Serendipity, una palabra que fue creada, (sí, creada es la expresión correcta) por Horace Walpole, a partir de una leyenda persa llamada los “Tres principes de Serendip”, (Serendip es Ceylan, ahora Sri Lanka)…en español coloquial usariamos “chiripa”…pero reconoced que tiene más encanto la expresión “serendipia”…

Serendipity es también el título de una película…de Johh Cusack y Kate Beckinsale, son dos extraños en medio del gentío de la ciudad de Nueva York cuyos pasos han coincidido llevados por el loco torbellino festivo de las compras navideñas, cayendo presos de una  irrefrenable atracción. Aunque cada uno de ellos está comprometido con su respectiva pareja, Jonathan y Sara emplean toda la tarde paseando por Manhattan, sin saber en todo ese tiempo el nombre del otro. Para cuando la velada llega al inevitable final, ambos sienten la necesidad de decidir el siguiente paso a dar. Cuando Jonathan sugiere intercambiar números de teléfono, Sara se detiene bruscamente y propone una idea que deja en el destino las riendas del futuro. Si resultan estar predestinados a permanecer juntos, le dice Sara, hallarán el modo de reencontrarse. Cuanto menos, ése es el plan. Sin embargo, la suerte no apunta en tal dirección. Algunos años después, las vidas de Jonathan y Sara han emprendido direcciones drásticamente distintas, hallándose ante la perspectiva de casarse con otra persona. De una vez por todas, ha llegado la hora de la verdad para ambos al tratar de satisfacer la curiosidad localizándose mutuamente por todos los medios posibles. Pero, ¿podrán burlar el destino y sujetar sus riendas?.

Después de los dos post anteriores…¿no creeis que puede que haya cierta serendipia flotando en el ambiente….?

Please send me someone to love…

Se levantó tarde, últimamente no le preocupaba su propia apariencia, hacia más de dos semanas que no se afeitaba y casi más de un mes que se paseaba por la casa con un sueter raido y unos viejos vaqueros. Miró el retrato de ella que todavia ocupaba el lugar central de la mesilla, y volvió a sentir tristeza…una tristeza que le subia desde el estómago como un ahogo y terminaba manifestandose con una tos seca…

El hombre casi habia conjurado esa tristeza cada vez que notaba la presión en el estómago, usaba una palabra talisman, la repetía constantemente hasta que la presión disminuía…cada día, cada momento…

Una noche hace más de seis meses, ella se marchó, se marchó y el hombre ni siquiera la intentó detener…¿para qué ? ella ya no era más que un fantasma, una sombra que ocupaba el espacio y el lugar de la que habia sido su amor…la puerta se cerró detrás y él se abrazó a lo único que ella dejó, la chaqueta de ante que él la habia regalado, la tarde que al salir del cine ella tuvo frío…él se la quitó para que ella se la pusiera…y estuvo abrazado en el suelo a esa chaqueta dos días y dos noches…al final del segundo día se levantó y se hizó una tortilla…

Pero esa mañana, el hombre decidió que necesitaba otra persona a la que amar…preparó un baño caliente, se afeitó, y se vistió con un traje oscuro…se miró en el espejo y metió en un caja todas las cosas que le recordaban a ella, y las llevó al trastero…

Miró por última vez el libro de “Amar”, el libro que guardaba junto con una anillo de mariposa para regalarselo el día que le iba a pedir que se casara con ella…ahora nunca llenaría la primera página del libro a su lado…

Lo cogió y lo envolvió en papel de estraza, bajó a la calle, y se encaminó hacia la librería Marcos Martín…el librero miró con interés el libro, hacía tiempo que no veía un ejemplar…desde hace más de cuatro años la editorial, en pleno acuerdo con la autora, decidió retirarlo del mercado, ya no era tiempo para amar, ni para el libro de “Amar”. El librero habia oído que en Buenos Aires todavía estaba a la venta en el mercado negro…le preguntó al hombre si de verdad quería deshacerse de él…el hombre asintió, alguien lo necesitaría más que él…

El secretamente esperaba que el libro fuera a las manos de alguien a quien volver amar, y que el libro volviera a sus manos, llevando con él a su nueva propietaria…

Recogió el dinero que le ofreció el librero y lo gastó en un chocolate con churros, el sol de invierno le calentaba la cara y se sorprendió, la presión en el estómago había desaparecido…bajó por la Gran Via hasta La Cibeles, y desde allí saludo a la ciudad…he vuelto la dijo…

Ella la sacó el libro de la caja, y lo dejó en la estantería, este año sería su año…miró por la ventana, Barcelona estaba preciosa esta mañana…

(continuará…o al menos eso esperan el hombre y ella)

P.D: gracias Sade por el título de la canción…