La pareja se separa por teléfono, ella cuelga el teléfono dando por terminada su relación con él, sólo una lágrima asoma por su rostro. Al colgar ella le ha pedido que nunca más la vuelva a llamar, que su sola voz le hace que el corazón se le pare, necesita seguir adelante, tiene que seguir adelante. El le ha prometido que nunca más volverá a llamarla, ni a verla.

El no ha llorado, a diferencia de ella, el ya sabía que su relación estaba rota, rota desde el comienzo,  desde los lejanos tiempos donde todo eran besos, caricias y palabras de amor, aún así estuvieron juntos durante casi siete años. Al colgar un dolor agudo le ha comenzado en el estomago, sin dejarle respirar.

Ella va a la cocina, y bebe sin respirar un vaso de agua, ahora tendrá que comenzar una vida nueva ella sola, mira su anillo, el anillo que él le regaló, y ahora sí las lágrimas caen por los ojos, mojando su cara y bajando por el cuello hasta el empapar su cuerpo desnudo.

El sabe que le prometido que nunca la dejaría escapar, que siempre pelearía por recuperarla, si ahora pudiera levantarse de la silla, la intentaría llamar otra vez, pero el dolor le mantiene paralizado y casi se ha desmayado.

De repente ella recuerda que el último verano, los dos tumbados en el mar, él le prometió que volvería por ella si alguna vez se separaban, ahora espera que no lo haga, todavia el amor no ha desaparecido, pero ahora siente algo, no sabe todavía qué por otro hombre.

El llega a duras penas a la cama, y se duerme mientras el dolor remite poco a poco, cuando se despierte se dará cuenta que en realidad si estaba enamorado y ahora la ha perdido para siempre.

Ella descuelga el teléfono y marca el número del otro hombre, queda para cenar, cuando termine la cena ambos se besarán apasionadamente, y que ahora él ya no es más que un recuerdo en su vida.