Cuando Punjab se levantó aquella mañana todavía no había salido el sol, pero se dijo a si mismo que sí uno ha decidido comenzar una nueva vida, al menos debe madrugar. No tenía mucho equipaje, dos bolsas viejas llenas de ropa aún más vieja y de los recuerdos de su vida.

Punjab asociaba cada recuerdo de su vida a un color y un olor, siempre había sido así y ahora no lo iba a cambiar. El primer beso de su madre, era morado cúrcuma, el último abrazo de su padre era verde curry, y su última desilusión era rojo menta, sin embargo  hoy pensó que este viaje sería azul y cilantro, lo que más divertía a Punjab es que  no existiera  ninguna coherencia entre los colores y los olores, cuanto más ambivalentes fueran, más propios y descriptivos de su  realidad los veía.

Lentamente cerró la puerta de la casa familiar, en la mano la última carta de Priyanka, esa carta que terminaba con un “Te espero, y te necesito…” Priyanka se habia marchado con su familia a los Estados Unidos, a Nueva York, hacía más de cuatro años, el padre de Priyanka siempre había pensado que la India no era el país ideal para que ella tuviera su vida. En realidad tampoco le gustaba que Punjab se acercara tanto a su hija…seguramente pensó que al irse todos, la relación entre ambos habría muerto por la distancia.

Pero no fue así, casi todos los días Punjab escribía en una libreta sus pensamientos, sus colores y olores, cuando terminaba la última hoja le enviaba la liberta por correo. Durante los cuatro años, que habían pasado desde que Priyanka se marchó, Punjab había rellenado 42 libretas que esperaba que ella guardara. Ella sin embargo en ese tiempo sólo había enviado 3 cartas. A Punjab no le preocupaba no tener casi noticias de ella. Ahora ella le necesitaba y él se sintió preparado para ir a su lado.

Respiró hondo, miró al horizonte y mientras el sol comenzaba a despuntar a su espalda, Punjab colocó sus dos bolsas en la vieja bicicleta, se sentó y comenzó a pedalear. Pensaba que según , sus cálculos, que tardaría no más de dos años y siete meses en llegar. Mientras bajaba por la ladera de Darleeling, Punjab iba dejando tras de sí un rastro de amarillo y té.