El Retorno de los espumosos…

Los espumosos regresan…con menos sex y más city que nunca

Archive for August 27th, 2007

Las flores continuan oliendo igual que siempre…

人はいさ
心も知らず
ふるさとは

花ぞむかしの
香に匂ひける

Cuando descubrí este poema, que es el número 35 del Hyakunin Isshu,  de Ki no Tsurayuki no pude dejar de pensar en ti. Con mis básicos conocimiento del japonés lo traduje más o menos así ” Es imposible interpretar los sentimientos humanos, pero por lo menos las flores del lugar donde nací continuan oliendo igual que siempre”.

La primera vez que nos conocimos, ya me enamoré de ti aunque nunca te lo he confesado, y creo que nunca lo haré. Me parecías una arrogante presumida, y algunos días todavía lo pienso, pero al conocerte he descubierto que es una coraza que te pones encima, a manera de protección.

Ahora estoy parado mirándote, viendo como regateas en francés con el bereber que te quiere vender una alfombra, es media tarde y el sol se cuela entre las rendijas de los postigos de las ventanas en la habitación donde estamos sentados en el suelo. Esta mañana subí a ver amanecer, mientras tu dormías, como no te quería despertar me puse los pantalones y un jersey encima del pijama. Cuando estaba allí solo pensaba si alguna vez me besarás, y ahora lo haría yo, aqui mismo, en este mismo momento. Te giras hacia mi y me guiñas un ojo, sabes que siempre consigues lo que quieres y este pobre bereber no será una excepción.

Anoche vimos como un par de niños metido en la cama una pelicula, “Los amantes del Pont Neuf”, y no te gustó y sin embargo es una de mis películas preferidas, y no te gustó porque era una historia de amor, muy dura. Cariño ¿cómo crees que son las historias de amor de verdad, tú que también sabes lo duro que es el amor?

Luego volvemos paseando lentamente entre las flores, esta noche hará frío, las montañas del Atlas están todavía nevadas, el pueblo de Imlil cierra sus ojos al anochecer. Cruzamos el puente que separa el riad del resto del pueblo,  Mohamed nos saluda con un gesto y pregunta ¿Dinner? asentimos ambos con la cabeza, ambos tenemos hambre, que pena no haber traido una botella de vino, ya que en la región bereber el alcohol está prohibido, aún así intentas convencer al pequeño camarero, que te mira con una mirada enfadada. El viejo matrimonio inglés se apiada de nosotros y comparte una copa de vino, de la botella que han comprado en Marrakech, como nos cuenta con gesto picaro, Margaret la anciana que esta mañana ha subido hasta la cima del Toubkal, y ahora está más entera que nosotros.

La estufa de leña calienta el pequeño salón, y tu te acercas un poco más a mi, compartimos más confidencias, me gustaría ahora decirte lo que siento por ti, pero me da miedo, tengo miedo de perderte, de que si te digo lo que siento desaparezcas de mi vida de la misma forma que apareciste, de repente. Que dificil es conocer cuando arriesgar y cuando no hacerlo. Mirándote a los ojos algunas veces pienso que te gustaria y otras veces me da la sensación que me dirías,”Pero querido como has llegado a pensar eso” Me encantaría que dieras tu el primer paso, que me dijeras que no has podido esperar que eres tú la que te mueres por besarme. Me doy cuenta que es imposible y no tiene sentido esperar más… Pero cuando abandonar esa loca idea, cuando darse por vencido y a ti por perdida, sin haber peleado, sin haber luchado ni una sola batalla. Mañana será otro día, volvemos a la normalidad y no me sentiré tan vulnerable, o debería decir frustrado…Pero si es asi, Por qué acepté venir a este viaje contigo, los dos solos, sin excusas, sin parapetos, Realmente no lo sé! Te metes en la cama me sonríes y me das las buenas noches. Good night, sweet dream, don’t care about me I will be well in a while(or may be not…)

枕草子, Makura no Sōshi (Pillow book)

Se levantó temprano y pensó que no estaba mal recibir el día ya despierto, duchado y afeitado. Escogió una camisa de hilo blanca y unos pantalones vaqueros, unos zapatos comodos y salió a la calle. Compró el periodico y se sentó en la terraza del café para desayunar, café solo con una tostada manchada en margarina y mermelada. Paseó lentamente por las páginas del periódico y luego un poco más rápido por las calles de la ciudad.

Acabó la mañana sentado en un banco del paseo marítimo mirando al mar, los últimos días de agosto se comenzaban a notar en la playa, cada vez más bañistas se convertían como por ensalmo en aburridos oficinistas. A lo lejos, en la orilla  una madre peleaba con sus hijos para que salieran del agua. Se sintió bien, después de haber pasado tanto tiempo compadeciéndose a si mismo en lo más oscuro de su habitación, sin levantar la persiana …escuchando insistentemente la misma canción…”I´m left, you are right she´s gone”, preguntándose si tenía sentido enamorarse como un loco de un mujer como Zeraphia, aunque tú se lo habías advertido o precisamente porque tú se lo habías advertido.

Ahora cada día y hoy es el primero de esos días, va a trabajar duro por olvidarla, y por eso se ha levantado temprano, y antes de ducharse ha empaquetado todas sus cosas en una caja y las ha bajado al trastero.

El pequeño paseo hasta la playa ha sido demasiado cansado para él, tanto tiempo sin ejercitar sus piernas, sintió el cosquilleo del hambre en su estómago, decidió que no le apetecía volver a casa y posiblemente no encontrara nada que pudiera sobrevivir a un examen sobre la fecha de caducidad.  Conocía bien la ciudad, aunque se consideraba a si mismo un viajero temporal en la misma.

Dos calles detrás, y cerca el Latino, su bar preferido, estaba un pequeño bar familiar, con menús decentes. Escogió macarrones con tomate y milanesa con patatas, un helado y un café. Bebió en dos sorbos una copa de cerveza. pero decidió seguir comiendo con agua mineral. Al terminar de comer miró el reloj las cuatro menos cuarto, pensó que le daba tiempo a ver una película de cine en el cine de barrio.

La última vez que fue al cine fue con ella, y ambos vieron una reposición de The pillow book, de Peter Greenaway, ahora piensa que sería capaz de volver a verla solo. Sus pensamientos se escapan hasta esa noche, después de ver la película dónde Nagiko busca amantes que escriban sobre su piel, ambos imitaron la película, ella escribió en el pecho de él “elsker dig for evigt”, y él escribió un caracter kanji, él único que sabía y que representaba el amor. Más tarde, cuando supo algo de danés supo que significaba “te querré para siempre”, ahora al recordalo sonríe y piensa que menos mal que no lo tatuó en su piel como pensaba hacer.

Al final decide ir a una librería, y curiosea, pero al final compra un moleskine, le encantan las tapas de cuero y la goma que lo cierra y sobre todo lo que le gusta es que presenta un reto, rellenar todas esas hojas. Con esa excitación propia de un escritor novel, vuelve a casa con las primeras luces de la noche, antes ha pasado por el mercado y ha comprado una lechuga, dos tomates y media docena de huevos, con un poco de aceite, una lata de atún y vinagre prepara una ensalada, luego una tortilla con dos huevos. Abre una botella de vino, un St. Joseph de Cave de Saint Desirat, luego se sienta y decide abrir el moleskine, que piensa convertir en su libro de almohada, y escribir sus pensamientos, sus vivencias. Mientras apura los últimos restos de la última copa lee lo último que ha escrito “…menos mal que no lo tatuó en su piel como pensaba hacer”, ha decidido recoger fielmente todos los momentos de este su primer día. Cuando termina, se lava los dientes, se pone el pijama y vuelve a soñar con ella.