Ahora es un poco más tarde, casi todo el mundo duerme y tú acabas de colgar el teléfono, al otro lado nadie…nadie recoge tu llamada, nadie te intenta consolar en una noche tan triste como la de hoy. Hoy la has vuelto a ver, y ella estaba tan extraña, como si nunca hubiera habitado ese cuerpo de alabastro, aquella mujer que un día te enamoró…tú sólo querías que te recordara con cariño, no es tanto pedir ¿verdad?

Miras el reloj, y marca las tres y media de la mañana, hace demasiado calor, y no sé si puedes mantener el recuerdo de ella entre tus brazos. Ella no te dijo nada, y te has comportado como un idiota, montándote tus propias historias para imaginar que todo podría volver a ser maravilloso.

Cuando a la mañana siguiente Paula oye el buzón de su movil, escucha….Todo esto se ha acabado, ayudame, coge el teléfono, dime que todo va ir a mejor…nunca estás cuando te necesito. Ella me aleja y me controla a la vez. Ni se volvió a mirarme, intenté que se enamorara de mi, pero ella nunca lo quiso. Estoy seguro que nunca aprenderé a vivir. Un beso princesa.

Cuando era un niño me angustiaba mucho la muerte,pero hoy cuando he visitado la tumba de Ernesto he intentado no pensar en ello. Ya ha pasado un año y durante este tiempo he intentado entender que es lo que le hizo suicidarse el día que la volvió a ver. Paula, que nunca se ha perdonado no haber escuchado la última y desesperada llamada, se encoje a mi lado entre un silencioso llanto, mientras me agarra el brazo.

Estoy tan enamorado de ella, pero no es el mejor momento para decirselo, la besaría fuerte y no la dejaría escapar el resto de mi vida. Pero mientras busco dentro de mi la valentía necesaria para decirselo, creo que seguiré a su lado como el fiel amigo.

Cuando llegamos al coche, cierro su puerta la miro a través del cristal y vuelvo a pensar que es la mujer de vida. ¿Algún me querrá?