10 Jun
Posted by: Kenzo Tomochu in: Uncategorized

Hace más de dos semanas que intento conocer a la que aparecerá de repente en mi vida. Y la verdad es que no podemos decir que haya tenido mucha suerte. Esta noche es sábado y me apetece salir, me apetece demostrarme que existe todo un mundo al otro lado de mi puerta.
He tardado más de media hora en decidir que ponerme, y más de tres horas en encontrar una plaza de parking en el centro, lo peor es que durante las cinco horas anteriores intenté ponerme en contacto con todas las entradas de mi teléfono móvil, para encontrar alguna que me acompañara. A la altura de la T decidí abandonar todas esperanzas. Salir del parking y empezar a llover fue todo uno.
Al terminar la tercera cerveza en un bar del centro, decidí comenzar a charlar con la camarera. Al principio la conversación fue trivial, aséptica, se llamaba Dana, y era fotografa profesional, incluso impartía clases en la facultad. Después de un rato largo, y de poder comenzar a abrir nuestra conversación, decidí pedirle el teléfono y una copa, o quizás primero le pedí la copa y luego me atreví a pedirle el teléfono. Sorprendentemente apuntó lentamente su móvil en una servilleta, y me dió un pequeño beso en los labios, me pidió que la esperara en otro sitio, el jefe tenía muy malas pulgas, hasta que cerraran, miré el reloj, todavía quedaban cerca de cuatro horas.
La verdad es que no tenía prisa, pero llenar cuatro horas, significaba al menos llenar una número similar de copas, de repente recordé el anuncio de la DGT, y pensé cuantas copas y taxis se pueden pagar con seiscientos euros. Ya recogería el coche mañana, me encantan los domingos en el centro.
La finalizar la segunda copa en un bar oscuro sin mucho ambiente, decidí salir y buscar otro sitio, entré en un bar de luces azules y música de los ochenta. Otra copa más y comenzé a hablar con dos amigas, eran de Mérida y llevaban una semana en Madrid, sin mucho dudar se apuntaron a la juerga. Dos copas y tres brindis más y ya sólo quedaba media hora para ir a buscar a Dana.
De repente una gran duda me asaltó, de los cuarenta mil bares que hay en el centro,¿Cuál era el de Dana? ¿Por qué nunca me fijo en los bares antes de entrar?…metí la mano en el bolsillo, y ¿Dónde coño he dejado la servilleta con el móvil de Dana?…miro a las extremeñas que me saludan desde lapuerta del baño, creo que nos quedan al menos otras dos horas más de copas…menos mal que no tengo prisa.
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