El Retorno de los espumosos…

Los espumosos regresan…con menos sex y más city que nunca

Archive for June, 2007

Otro golpe en las entrañas

Ahora es un poco más tarde, casi todo el mundo duerme y tú acabas de colgar el teléfono, al otro lado nadie…nadie recoge tu llamada, nadie te intenta consolar en una noche tan triste como la de hoy. Hoy la has vuelto a ver, y ella estaba tan extraña, como si nunca hubiera habitado ese cuerpo de alabastro, aquella mujer que un día te enamoró…tú sólo querías que te recordara con cariño, no es tanto pedir ¿verdad?

Miras el reloj, y marca las tres y media de la mañana, hace demasiado calor, y no sé si puedes mantener el recuerdo de ella entre tus brazos. Ella no te dijo nada, y te has comportado como un idiota, montándote tus propias historias para imaginar que todo podría volver a ser maravilloso.

Cuando a la mañana siguiente Paula oye el buzón de su movil, escucha….Todo esto se ha acabado, ayudame, coge el teléfono, dime que todo va ir a mejor…nunca estás cuando te necesito. Ella me aleja y me controla a la vez. Ni se volvió a mirarme, intenté que se enamorara de mi, pero ella nunca lo quiso. Estoy seguro que nunca aprenderé a vivir. Un beso princesa.

Cuando era un niño me angustiaba mucho la muerte,pero hoy cuando he visitado la tumba de Ernesto he intentado no pensar en ello. Ya ha pasado un año y durante este tiempo he intentado entender que es lo que le hizo suicidarse el día que la volvió a ver. Paula, que nunca se ha perdonado no haber escuchado la última y desesperada llamada, se encoje a mi lado entre un silencioso llanto, mientras me agarra el brazo.

Estoy tan enamorado de ella, pero no es el mejor momento para decirselo, la besaría fuerte y no la dejaría escapar el resto de mi vida. Pero mientras busco dentro de mi la valentía necesaria para decirselo, creo que seguiré a su lado como el fiel amigo.

Cuando llegamos al coche, cierro su puerta la miro a través del cristal y vuelvo a pensar que es la mujer de vida. ¿Algún me querrá?

Sintoniza nuestra frecuencia…

Estoy sentado al lado de Andrés, en un bar madrileño estamos echando de menos cada sonrisa, cada palabra de amor y una caricia…hoy somos dos hombres a la busqueda de una mujer…

La musica nos mueve los pies y desde dentro los dos sabemos que estar solo no es natural y ni lo que queremos, ¿¿¿ sera lo que nos toca???

Tres gin tonic, una tortilla y un plato de jamon, el alimento de los campeones…ahora por un momento levanto la vista de la blackberry y miro fijo a esa morena que nos sonrie, la falda corta, sandalias…y unas piernas interminables….

Pero la verdad es cruda y un novio aparece de repente y sin ser invitado, ella le besa, primero suave en la mejilla…ahora noto el codazo de Andres…ella sigue mirando burlona, mientras mezcla ginebra, saliva y deseo en la boca de el…

Un chino interrumpe la escena, y yo ya no miro a la chica del novio, me fascina el tatuaje de la camarera…

Dos copas mas, Cindy Lauper suena volviendo desde los 80…y cada vez mi cabeza esta mas lejos del presente, miro mis dedos sobre el teclado y miro las arrugas de mis manos. Durante diez segundos juego a tener dieciocho, el whisky sabe amargo y Andres me mira con fastidio y me pide que pare ya…

Las palabras se construyen de poco…mientras sigo escribiendote una rubia agarra a Andres, y le obliga a visitar la pista, me ha mirado como el soldado que se despide de su madre…pero la rubia se agarra mucho, pronostico que triunfara….

“¿Tardaras mucho en terminar de escribir?” me susurra ella al oido…dejo de escribir y la beso de repente, esta noche es para los corazones solitarios, sintoniza nuestra frecuencia

El zapatito de Cenicienta…

Cada mañana el principe se levantaba de mal humor, y lo que más le jodía era ver en la vitrina el puto zapatito de Cenicienta. Después de cinco años casados se había dado cuenta que lo único que le unía a esa mujer, era que una vez ese zapato entró de forma perfecta en el pie de Cenicienta.

Llegó a compadecerse de las madrastra y hermanastras de Cenicienta, que ahora vivían en un piso de protección oficial de las afueras. Por supuesto Cenicienta había cortado cualquier comunicación con ellas, sin embargo el principe hablaba de tarde en tarde con ellas, y en alguna ocasión les había pasado algo de dinero para que llegaran a fin de mes, eso claro sin que ella lo supiera.

La relación había ido deteriorándose día a día y año a año hasta volverse insoportable para el principe, que ahora era incapaz de estar en la misma habitación que Cenicienta. Al principio la magia del hada madrina todavía flotaba en el ambiente, pero a la vuelta de la luna de miel, Cenicienta se reveló como una niña caprichosa y consentida, tanto que el principe comenzó a pensar que realmente las historias que le contaba de su familia estaban demasiado exageradas, le costaba pensar como aquella mujer que ahora le daba igual que el fregadero estuviera lleno de platos sin fregar, o que no le importara dejar la ropa tirada por la casa, fuera esa chiquilla hacendosa  y sobre todo no podía imaginar como esa anciana tan simpática y sus dos hijas encantadoras la podían haber subyugado durante tanto tiempo.

Obviamente, decidieron contratar a una asistenta que pusiera un poco de orden en el palacio. Marita, era una chica ucraniana bastante bastante atractiva. 

Esta mañana, mientras Cenicienta sigue roncando en la cama, el principe se ha levantado y sin que Marita se diera cuenta, la ha pillado probándose el zapato de la vitrina, y le encaja como una guante. El principe piensa si no será una señal mientrás echa un último vistazo al culo de Marita. 

 

Amores cruzados…

Juan quiere a Luisa y Luisa le ignora porque ella realmente quiere a Esteban, lo que no sabe es que Esteban se acerca a ella porque él está enamorado de Juan, y se lo dirá si alguna vez reconoce en voz alta su condición de gay no militante.

Juan lee a Umbral en la contraportada de El Mundo aunque no le entiende la mitad de las veces, pero lo hace porque una vez Luisa le dijo que le parecían muy interesante las personas que leen las contraportadas de los periódicos en vez de ir a la página de deportes directamente.

Esteban sin embargo no lee periódicos, pero eso Luisa no lo sabe. Esteban, mientras pasea con Luisa por el parque, ve a Juan a lo lejos y piensa que le gustaría pasear con él cogidos de la mano.

Juan ve a los dos y se acerca, el corazón de Esteban se acelera, Luisa ahora no piensa en nada. Esteban sonríe y adelanta su mano para apretarla contra la de Juan, mientras musita entre dientes: Soy gay…Juan no lo ha oído, pero Luisa sí, ahora mira a Juan y piensa no que tampoco está tan mal.

Leerte entre líneas (y entenderte)

No te entiendo, de verdad que no te entiendo, que no sé porqué tengo tantas dificultades en saber que quieres de mi…

Ayer estuve pensando en tí, durante no mucho rato, quizás diez minutos, pero suficientes para saber que no llegaría nunca a comprenderte…no quiero parecer duro en mis planteamientos, ni en mis conclusiones, pero en definitiva me gustaria ser capaz de poder leer entre tus líneas y entenderte

No sé porqué apareciste en mi vida, ni si planteas quedarte, ni de que forma…por eso me gustaría poder charlar, hablar que me contarás, que me explicaras…

Me llamas… te escucho, me cuentas…atiendo, pero no sé que esperas de mi…

¿Me lo cuentas?

Sin prisa

Hace más de dos semanas que intento conocer a la que aparecerá de repente en mi vida. Y la verdad es que no podemos decir que haya tenido mucha suerte. Esta noche es sábado y me apetece salir, me apetece demostrarme que existe todo un mundo al otro lado de mi puerta.

He tardado más de media hora en decidir que ponerme, y más de tres horas en encontrar una plaza de parking en el centro, lo peor es que durante las cinco horas anteriores intenté ponerme en contacto con todas las entradas de mi teléfono móvil, para encontrar alguna que me acompañara. A la altura de la T decidí abandonar todas esperanzas. Salir del parking y empezar a llover fue todo uno.

Al terminar la tercera cerveza en un bar del centro, decidí comenzar a charlar con la camarera. Al principio la conversación fue trivial, aséptica, se llamaba Dana, y era fotografa profesional, incluso impartía clases en la facultad. Después de un rato largo, y de poder comenzar a abrir nuestra conversación, decidí pedirle el teléfono y una copa, o quizás primero le pedí la copa y luego me atreví a pedirle el teléfono. Sorprendentemente apuntó lentamente su móvil en una servilleta, y me dió un pequeño beso en los labios, me pidió que la esperara en otro sitio, el jefe tenía muy malas pulgas,  hasta que cerraran, miré el reloj, todavía quedaban cerca de cuatro horas.

La verdad es que no tenía prisa, pero llenar cuatro horas, significaba al menos llenar una número similar de copas, de repente recordé el anuncio de la DGT, y pensé cuantas copas y taxis se pueden pagar con seiscientos euros. Ya recogería el coche mañana, me encantan los domingos en el centro.

 La finalizar la segunda copa en un bar oscuro sin mucho ambiente, decidí salir y buscar otro sitio, entré en un bar de luces azules y música de los ochenta. Otra copa más y comenzé a hablar con dos amigas, eran de Mérida y llevaban una semana en Madrid, sin mucho dudar se apuntaron a la juerga. Dos copas y tres brindis más y ya sólo quedaba media hora para ir a buscar a Dana.

De repente una gran duda me asaltó, de los cuarenta mil bares que hay en el centro,¿Cuál era el de Dana? ¿Por qué nunca me fijo en los bares antes de entrar?…metí la mano en el bolsillo, y ¿Dónde coño he dejado la servilleta con el móvil de Dana?…miro a las extremeñas que me saludan desde lapuerta del baño, creo que nos quedan al menos otras dos horas más de copas…menos mal que no tengo prisa.

O lume da noite (El fuego de la noche)

Maruja Pérez, se dispuso a morir por segunda vez en su vida. La primera vez fue en 1937, una noche del mes de marzo, sobre las dos de la madrugada.

Se empezaron a oír golpes en la puerta cancela de la tienda, la familia Perez dormía encima de la tienda, Fernando el hermano mayor y su mujer Amelia abrieron la puerta de su habitación, y con un gesto le pidieron silencio, era obvio que venian a buscarla a ella, su marido Ernesto, estaba embarcado en el “Almirante Cervera”, el barco que se había amotinado en contra de la República al principio de la guerra.

De improviso, los milicianos tiraron la puerta abajo y subieron por las escaleras, a empellones tiraron a Fernando y Amelia, agarraron a Maruja sin darle tiempo a escapar, y la arrastraron hasta la plaza del pueblo, mientras la insultaban llamándola traidora, facha, puta y otras lindezas similares. Las otras mujeres de los marineros amotinados se abrazaban, frente al ayuntamiento, Maruja sin más ropa que un camisón, lloraba hipando.  Xan, las colocó con la espalda pegada a la fría pared encalada, los milicianos se colocaron frente a ellas a unos seis o siete metros.

Maruja veía la cara enfrente de un chiquillo de no más de diecisiete años, Antón “O coxo”, con tanto miedo como ella, sujetaba con dificultad la escopeta de postas, sus ojos denotaban el miedo. Maruja, pensó en Ernesto y en que no le vería más, agarrándose al pequeño crucifijo, comenzó a rezar por él, antes de terminar el padrenuestro, oyó dos tiros, Xan había disparado a Juana, la mujer de Ramiro, Juana se desplomó sin ruido, una sangre negra, comenzó a empapar el suelo de la plaza. Los otros cuatro que acompañaban a Antón y a Xan descargarón sus armas sobres las indefensas mujeres, Antón siguió mirando a Maruja sin decidirse a apretar el gatillo. La sangre manchaba los pies de Maruja, que seguía fija en los ojos de Antón.

“Los fachas, los fachas vienen para aquí” gritó uno de los milicianos, “Al monte, corred al monte” gritó Xan, Maruja, vió sonreir a Antón mientras intentaba seguir el ritmo de huida con su pierna mala.

No se movió de la pared durante un tiempo que ha ella le pareció una eternidad, pero que no fue más que un minuto, la recogió su hermano Fernando y la arropó con una manta vieja. Al intentar cerrar los ojos, los disparos secos y la cara de Antón aparecían en sus pensamientos.

Al día siguiente aparecieron colgados en la plaza, Xan, Antón y siete milicianos más.

Casi 50 años más tarde, Maruja agonizaba en una cama de hospital con un cáncer que la corroía por dentro, deseaba que el dolor terminara de una vez, “Deus mio, llevame con el meu home” musitaba entre sollozos, cerraba los ojos y la imagen de su difunto marido, nueve años ya sin él, se mezclaba con los ojos de Antón, mirándola y a punto de disparar su escopeta. Algunas noches antes de morir, ya entre delirios, Maruja repetía la historia de Antón y la mezclaba con historias de su marido y de su único hijo. Lupita, por aquel entonces todavía tenía una vida más o menos normal trabajando de enfermera en el hospital de Vigo, la escuchó contar la historia de la noche, mientras le cambiaba las ropas de cama. Maruja vió los mismos ojos de Antón en los ojos de Lupita, y quitandose el pequeño crucifijo, y con un susurro lo depositó entre las manos de Lupita, “Guardalo sempre, e che axude na túa vida”.

Tres días más tarde, Maruja moría y tuvieron que pasar más de trece años, para escuchar esta historia de los labios de Lupita, en un bar de La Coruña, me enseñó el pequeño crucifijo que colgaba de su pecho, ese crucifijo que yo había visto tantas veces colgado del cuello de Maruja Pérez, mi abuela.

Nunca había escuchado esa historia de como mi abuela se había enfrentado a la muerte dos veces, gracias a Antón “o coxo”, yo hoy estaba vivo,…gracias a la desconocida que quería ser encontrada de repente, pude conocer a Lupita,… y gracias a no haberme levantado de la mesa pude conocer un poco más a mi abuela.

Me levanté dos horas más tarde y acompañé a Lupita a su pensión, le pagué la habitación por un mes más y dejé un poco de dinero más suficiente para comer caliente otra semana.

Amanecía en la playa de Orzán, y yo me senté al lado de una hoguera que se iba extinguiendo poco a poco, y mientras veía amanecer intenté ordenar un poco mis pensamientos.

(El cuadro es de Mario Granell y se llama vivencias de una guerra civil)

¿Quién te digo que queria cantar?

Impenitente, inasequible al desaliento, fuerte de mirada recia, sin doblez, altivo y calmado…sonrío y me dejo llevar por esa imagen de duro de película. Acabó de entrar en lo que posiblemente sea la penúltima estupidez en una vida plagada de estupideces. Dicen que de los errores se aprende, yo aprendo a volver a cometerlos casí sin fallos, el error perfecto.

Las escaleras del Caracol Beach no es que inciten al misterio, es más incitan al pánico, paredes descascarilladas, viejas fotos de conciertos en sepia, fotos de gente que antaño poblaba este bar, y una barandilla en la que el barniz huye cada día, mostrando una madera vieja y cansada. Cada peldaño es un acto de fe, al mitad de la escalera la música se adivina un poco más clara. Una rumba y las palmas de acompañamiento de un público que o no es muy numeroso o no es muy entusiasta.

De acuerdo al programa de la puerta, sí se le puede hacer caso a un trozo de papel mojado por la lluvia, hoy actúa, canta o perpetra “Juantón el equilibrista”, por única noche en el Caracol Beach.

Al correr el pesado cortinón que separa el mundo real, del universo que ahora aparece ante mis ojos, pienso correr, escaleras arriba y no perder más tiempo, pero la verdad es que la atmosfera invita a probar…una rápida visual, y sin contar con los dedos, creo que no hay más de cuarenta personas, no más de diez mujeres, nueve acompañadas, o sea que la que está sola es mi cita. Sí, ese es el motivo, pero deja que te lo cuente un poco más tarde, o te perderás la descripción del local. ¿Dónde estaba? imagina unas paredes con restos de humedad, mal tapada por posters de grupos que nunca pisaron el Caracol, un barra en el lado izquierdo, con una camarera, que ha perdido su juventud, dentro de estas paredes, unas seis mesas, al fondo un pequeño altillo, y encima el que se supone Juantón, que debe tener su apellido por los equilibrios que tiene que hacer para no caerse en esa rídicula tarima que llaman escenario.

Ella ya ha clavado los ojos en mi, sabe que soy yo, nadie más sería capaz de entrar sólo en este local, bueno quizás ella hace un rato, sí es que ha venido sola, imagino que la acompaña algún amigo, por si ella sospecha que soy un psicópata, miro hacía la barra e intento encontrar alguien que me esté sometiendo a examen, a nadie le parezco importar, creo que Juantón está consiguiendo entretener de verdad a su público.

Han pasado no más de 3 ó 4 segundos desde que corrí el cortinón y ella me ha visto, pero ha mi me ha parecido una eternidad, ahora camino lento hacía la mesa que está ocupando ella, Carmen me ha dicho, mejor me ha escrito, que se llamaba.

En el camino, miro otra vez, intentando encontrar alguien conocido, una escapatoria, siempre podría pasar de largo y encaminarme a otra mesa, o a la barra, y abrazarme a algún desconocido.

Ella está sonriendo, es más, me está sonriendo, ahora esa mujer de una edad indefinida, que se hace llamar Carmen, hace gestos, que me siente a su lado, que sabe que soy yo.

Una camiseta gastada, uñas que han pasado por diferentes colores y hoy muestran un rojo que compite con el del pintalabios, pantalones de cuero negro, es como sí para esta cita hubiera recuperado, su atuendo de los años 80, cuando Carmen seguro era la reina de este bar, y de cualquier bar de La Coruña.

Sí ahora, puede rebobinar un poco, casí cinco horas atrás y me veo en el hotel de La Coruña, hoy por fin mi trabajo se ha acabado pronto, y aburrido como estaba, conecto mi portatil a internet. Creo que entré en una página llamada mujeres de la Coruña, y entre los anuncios uno que me llamó la atención “Mujer, busca que la descubran de repente”, evidentemente le mandé un email a la dirección que aparecía. Diez minutos más tarde en mi dirección entra un correo, Carmen que así se llama, me cita en el Caracol Beach, y la tendré que descubrir.

Ahora, no es tiempo para arrepentirse, estoy a menos de un metro de la mesa,  y Carmen hace gestos exagerados de saludo, moviendo un botellín de cerveza. Tan cerca como estoy, descubro los estragos que la edad han hecho en Carmen, y pienso por sus ojos perdidos que no solo es la edad, parece que está acostumbrada a todo tipo de vicios.

Me acerco a su cara y la saludo “¿Carmen?”, una crema facial pringosa besa mis mejillas, creo que ella ni siquiera ha notado mi barba en su cara. “Claro, principe, llamame como quieras”.

La conversación es inexistente, a cada pregunta mía, sus respuesta se vuelven cada vez más incoherentes, a los diez minutos, la musica del cantante me parece hasta buena, mi conversación con Carmen se reduce a monosilabos por mi parte, y frases incompletas por la suya, miro la barra y pienso que al menos sí pido una copa podré escapar de esta situación al menos momentaneamente. La pregunto sí quiere algo, sus ojos ausentes, miran el botellín como pidiendo otro.

Al llegar a la barra, la camarera me mira con cierto desdén mientras le pido un bourbon-cola y un botellín, al traerlos pegado a mi copa un papel blanco, con algo escrito.

“Bien hecho desconocido, otro se hubiera escapado al ver a Lupita, eso te ha hecho sumar algún punto. Para otra ocasión, piensa que la mujer que quiere ser descubierta de repente, no necesariamente está sola, puede estar aburridamente acompañada. Ya nos veremos, Carmen”

Al terminarlo, miro alrededor mío, buscando complicidad, buscando a esa que quiere ser descubierta, pero la camarera, señala la escalera, y musita “se han ido, hace un minuto” y añade “Cuida bien de Lupita, hace más de cinco años que nadie se sienta a charlar a su lado”.

Vuelvo a la mesa, y miro a Lupita con otros ojos, y me dispongo a hacer que esta noche, al menos mientras el Caracol Beach siga abierto, Lupita no se sienta sola.