
Hace un tiempo, apenas unos meses, decidí que quería enamorarme. Y empecé a construir mi palacio del amor. Sabía exactamente cómo quería que fueran las cosas que sucedieran dentro. Cuando lo acabé y ví que todo iba a ser como yo quería que fuera dije, y ahora a buscar a la princesa. Y me puse manos a la obra, y te conocí a ti. Ni siquiera te di la oportunidad de llegar a ser mi princesa sino que te hice ya princesa. Lo primero que ví fue perfecto para mi, esos ojos, esa sonrisa, esa dulzura, y dije, es la princesa de mi vida. A partir de ese momento el resto ya no hacía falta. Yo ya había construido en mis sueños el futuro de los dos y sabía que iba a hacer todo lo posible para que mi sueño fuera perfecto. Aún así he sufrido porque sabía que era irreal lo que estaba haciendo y tenía una lucha, una pelea interna y un sentimiento de saber que el presente lo estaba construyendo con mis ilusiones y que no estaba dando ninguna oportunidad a que creciera la primera piedra real y firme del palacio.
No sé lo que será de nosotros en el futuro. Lo que sí que sé es que he aprendido una lección que creía aprendida. Las cosas siempre suceden por algún motivo. Puede que esto haya ocurrido para prepararme para la próxima vez, para la próxima persona, o puede que haya sido un punto de inflexión para lo que tenga que suceder entre nosotros. Lo que sé es que no puedo saber y que las cosas ocurrirán si tiene que ocurrir.
Quería despedirme con estas palabras y, como no, con una gran sonrisa. Te sonrío y, como te puse en el mensaje, prefiero arrepentirme de lo que he dicho o hecho que de lo que no dije o no me atreví a hacer.
Escrito por la rana que igual era un príncipe
David