Dicen que la primera vez es la que más duele, la depresión es más profunda y el abismo que se muestra debajo de nuestros pies no tiene fin.

La noche que la conocí las palabras no llegaban a mi garganta, me quedé mudo mientras ella se acercaba lentamente hacia mi, un abrigo pistacho y  un paraguas de colores. No recuerdo que me preguntó, ni porqué se quedó parada a mi lado esperando una respuesta que era incapaz de darle. ¿Te casarías conmigo? me preguntó por segunda vez, la miré durante unos segundos que parecieron una eternidad, esperando comprender el alcance de la pregunta y porqué una desconocida me la estaba preguntando…ella parecía divertida en mi perplejidad, ante mi mudez decidió terminar con ella…

Sólo te he preguntado si te casarías conmigo, es una pregunta hipotética, no es una declaración de amor y mucho menos una obligación, añadió con una sonrisa. Tardé más de dos segundos en suspirar, quizás aliviado quizás sorprendido…Al menos chico mudito, si me puedes invitar a una copa de vino ¿verdad?, asentí con un gesto, ella me cogió de la mano y me introdujo en su mundo, por primera vez una noche de abril…de hace algunos años.

Hoy he creido verla en el metro, casí 20 años después, no sé si me ha reconocido, pero yo a ella sí, su misma melena, su mismo talle, lo que más me ha sorprendido es que seguía llevando el mismo abrigo color pistacho y aunque me ha parecido increible no había envejecido nada. El sólo pensar en verla me ha sacudido el corazón y he tenido que sentarme, desde mi pecho y extendiéndose por todo el cuerpo un sudor frío ha comenzado a invadirme…

En estos 20 años he tenido tiempo para casarme, he tenido dos hijas y soy razonablemente feliz, mi trabajo no está mal y me permite tener un cierto desahogo para dedicarme a mis entretenimientos, y todo esto ahora estaba otra vez en un precipio, solo porque la he vuelto a ver, sólo porqué durante dos segundos he creído que ella volvía a estar en mi vida. Esta tarde al volver a casa, me he sentado a mirar como jugaban mis hijas y sin hablar me he acercado a mi mujer y la he rodeado con mis brazos y la he llevado a la habitación, y la he besado, la he besado durante mucho tiempo, tanto que ambos nos hemos sorprendido, después hemos hecho el amor con pasión, con ternura, con ganas , con deseo.

Cuando amaneció me levanté y después de ducharme, he cogido un taxi y me he parado en su calle, durante más de veinte años he intentado esquivar caminar por esta calle, nunca he sido capaz de volver en veinte años, ni mirar esa casa en la calle Fuencarral, hoy si creo que estoy preparado para volver a esta calle. Antes de salir, he buscado en un cajón que nunca abro, un juego de llaves que nunca he vuelto a utilizar.

Al llegar a la casa, me he parado un momento, y he mirado hacía arriba, en la terraza no hay geranios, como hace veinte años…lentamente he subido los peldaños, y los recuerdos se han comenzado a agolpar en mi cabeza, nuestros abrazos, nuestros besos y nuestra pasión, cada crujido de los peldaños de madera, me traen momentos de nuestra vida en común, durante estos años, he intentado evitarlos en mi cabeza, construir un muro…hoy ya no tiene sentido, quiero que sepa lo que la he echado de menos, cuanto la quise, y a lo mejor cuanto la quiero todavía.

Al girar la llave, mi corazón ha comenzado a golpearme el pecho, y me he apoyado a la puerta, tan cerca que he podido oler la vieja madera, tantos años y ahora todos encima de mis hombros…

La casa está vacia, como debería estar…no queda, ni un recuerdo, ni un mueble, nada que recuerde a ella, nada que recuerde que hace casi veinte años, ella murió…nada que recuerde mis lágrimas abrazado a su madre, nada que recuerde a esa chica de un abrigo de pistacho verde que vino a estudiar a  Madrid hace más de veinte años…durante un año fui el novio de esa chica que una noche de abril, me paró por la calle para preguntarme “si me casaría con ella”…

Al bajar, he metido las llaves en el buzón del portero, con una nota para sus padres, después he parado en su bar favorito a desayunar como haciamos los domingos por la mañana. En el taxi de vuelta, voy pensando como contarle a mi mujer, como durante tantos años he dejado dormir este dolor en el fondo de mis entrañas, el taxista al verme llorar me pregunta “¿Está bien?”, después de pensarlo un momento, le respondo “Ahora,sí”

Ahora si me preguntas si recuerdo cual fue la primera herida que me hizo sangrar, ya te puedo contestar, fue perderla hace más de veinte años.