
Mire la punta de sus zapatos, y de repente ella dijo “Ojalá que no sea la última vez”, levanté la vista pero ahora era ella la que miraba la punta de mis zapatillas…”Espero que no…te llamo” la conteste rápido, nos rozamos las manos mientras mis zapatillas emprendían el camino de vuelta y sus zapatos rojos se quedaban en el portal de su casa…
Lentamente esos zapatos rojos de tacón, subían lentamente por las viejas escaleras de madera, al ritmo de una vieja canción que ella tarareaba mientras el último bostezo aparecía en su boca…cuatro pisos son muchos pisos….
Las aceras cada vez son más anchas en esta parte de Madrid, y no me habría dado cuenta si no fuera porque esta noche no levantó la vista del suelo, me cruzo con otros zapatos de tacón y levanto la vista para mirar a la dueña, ésta me esquiva la mirada, mientras se apresura a cruzar por un paso de peatones…
Al fijarme en mi manera de andar, me doy cuenta que cojeo un poco del pie derecho, no es más que un leve defecto, pero hoy se nota de manera más clara, e intento corregirlo, pero al intentarlo la cojera se hace más ostensible para alguien que me estuviera observando…desisto de evitarlo, además creo que estoy un poco borracho, la dueña de los zapatos rojos y yo, hemos terminado una botella de La Chapelle de la Trinite…no hace más de una hora…
Me imagino como los zapatos rojos han llegado a su casa y su dueña los guarda, y rápidamente los olvido mientras empiezo a pensar en su dueña, y me doy cuenta que ya soy capaz de imaginarla perfectamente y recordar cada pequeño detalle…me sorprendo e intento poner a prueba y pensar en otra mujer, pero cada intento me hace fracasar, a duras penas penas puedo recordar vagos detalles de cualquier otra mujer…ella vuelve con más claridad e intensidad…
Miro los adoquines para intentar que ese recuerdo se desvanezca y mi cabeza vuelve a volar, pero esta vez pienso en Marrakech, y en los diferentes adoquines de la Medina, más pequeños para las callejuelas sin salida y más grandes para las calles más principales…un buen truco…me imagino si sería posible pavimentar con adoquines las relaciones, de tal forma que sólo mirando al suelo pudieras decir “no hay salida”…
De repente levanto la cabeza y me doy cuenta que he estado andando en circulo, el problema de no levantar la vista del suelo, y estoy casi al lado de su casa…rápidamente corro, olvidando la cojera y llego a su portal…llamo al telefonillo…sin darme tiempo a contestar una voz responde “I´m so glad you’re here” y la puerta se abre…
Mis zapatillas devoran los peldaños de dos en dos, mientras un leve pensamiento de inquietud me invade…espero que sea yo al que estan esperando…