Cuando regresamos de Mont Sant Michel, subí rápido hacia mi habitación…Jane ya no estaba y la habitación parecía el lugar más triste del mundo…

La visión de las grandes mareas había sido súblime, Pierre no me habló hasta que fumó el tercer cigarrillo…”No me gustas, lo sabes y no me apetece que siempre interpongas tu presencia entre mi mujer y yo…me gustaría que te fueras o que al menos nos dejaras un poco en paz”, le miré bajé las gafas de sol y le dije “Pierre, si crees que yo soy culpable, me retiraré, si quieres esta tarde mismo…”

El camino de vuelta fue rápido, las ruedas chirriaban por las curvas de la carretera que unía Mont Sant Michel y Jane…Pierre no volvió a dirigirme la palabra en el resto de viaje, y yo aproveche para dormitar en el asiento, mientras la música de Gershwin “Summertime”, sonaba en la radio del coche…”One of these mornings…”, la verdad que me sentía con ganas de abrir mis alas y tocar el cielo, como en la canción…

Cerré la puerta y abrí la ventana, la mañana estaba terminando y el sol iluminaba toda la plaza de Evreux, suponía que Jane abría ido a ayudar a su madre al Camomille, el restaurante familiar, me tumbé en la cama e intenté dormir, estaba realmente cansado…cansado por no haber dormido, cansado por ser un cabrón, cansado de no encontrar mi norte, cansado…estos pensamientos se entremezclaron con mis sueños…cuando me desperté el reloj marcaba las cuatro de la tarde…

Lentamente recogí mis cosas y las metí en la maleta, miré otra vez la habitación, cerré los ojos e intenté recordar algo de la noche anterior, pero fui incapaz…

Cogí la pequeña nota que todas las noches me dejaban encima de la almohada, con el parte meteorológico “Cielo despejado y sin previsión de lluvia..”, parecía que había acertado…le dí la vuelta y garabateé unas líneas a forma de despedida…

bajé las escaleras, no tan rápido como las había subido por la mañana, y volví a mirar la puerta de la habitación, un 506, pagué y salí a la calle…consulté los horarios del tren a Calais…en media hora salí el último del día, a las seis y media, miré el reloj…me acerqué al Camomille y dejé en la puerta la pequeña nota…esperé detrás del kiosko a que Jane se asomará y recogiera la nota, pero no quisé verla mientras la leía…corrí hacia la estación …

Mientras tren avanzaba hacia Calais, mis pensamientos estaban en volver a Londres, a mi refugio en Shepherd´s Lane…hacía más de tres años que no pisaba la casa rosa de Richmond, y casí cuatro que no veía a Kate…y más de catorce años que hicimos el amor en aquella noche después de un picnic en Wimbledon…parecía tan poco tiempo y a la vez una eternidad, se suponía que había crecido, pero me sentía el mismo niño indefenso que lloró cuando se marchó de la casa de Kate y que ahora lloraba por dejar a Jane…

Apoyé la frente contra el cristal de la ventanilla, intentando que el fresco de la tarde, calmara e intentará ordenar mis recuerdos, esos recuerdos que lentamente morían en este triste presente…