28 Nov
Posted by: Kenzo Tomochu in: Uncategorized

No era una intención ni tampoco una finalidad, pero le encantaba fascinar con sus historias; diseñar situaciones apasionantes, tristes, alegres, sexuales…., embelesando con descripciones de vivencias imaginadas y vividas entrelazadas con una realidad muy próxima.
Su destino no era otro que las mujeres, su dicción correcta, una educación regada por sus años nómadas en distintas ciudades y países le hacían un Flautista de Hamelin con una capacidad extraordinaria de encantamiento.
Todo empezaba por una base de confianza, cimentando el desnudo de parte de su personalidad; en ella se muestra entre vulnerable y tierno que bajaba las defensas de las más recelosas. Los pilares fraguaban con el tempo “allegro ma non troppo”, decidido pero suave, alegre pero no veloz,…. avanzando hacía sus sentimientos más profundos y corazón. Pero ocultando su avance con el juego de la seducción, nunca mostrando impaciencia, es más, le gusta mostrarse tranquilo, el hombre tranquilo…; en el fondo le gusta decir “Te esperaré, no tengas prisa, te comprendo, sé que necesitas tiempo,….”. Rindiendo la desconfianza y abdicando de un resguardo seguro de los sentimientos de ellas.
En parte próximo, y en parte lejano, tintes de misterio con cercanía sentimental, impredecible y constante, atrevido y respetuoso, … Todo lo necesario para que ella se sienta especial, y él sea también percibido como tal. Siempre con una sonrisa, pero nunca dando todo lo que le piden para dejar esa distancia de enigma que desafía a lo más profundo de toda mujer.
Le encanta acariciar sin tocar, besar sin estar juntos, compartir y caminar de la mano por la avenida de la distancia, arrullando con palabras, proyectando un futuro ideal pero …pero siempre imaginario.
Il Moro
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